PAZ EN COLOMBIA

Publicado : 30 Septiembre, 2014 en Augusto Varas, Columnas Chile 21

|por Augusto Varas|


El 23 de septiembre las delegaciones de paz del gobierno colombiano y de las FARC-EP reiniciaron su diálogo de paz continuando los debates, ahora sobre las víctimas del conflicto.

La primera ronda del diálogo de paz entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) iniciada a mediados de octubre de 2012 en Oslo y que continuó en La Habana a mediados de noviembre del mismo año, creó gran expectación mundial por el posible término de este conflicto armado que lleva más de 50 años. Caso único en América Latina y que ha producido 6 millones de víctimas, entre ellas, 5 millones de desplazados, 150.000 emigrantes y 200.000 muertos, 81,5% de ellos civiles.

Seis temas fueron identificados como puntos clave para la agenda de la paz: la reforma agraria, la participación política, las drogas ilícitas, los derechos de las víctimas, el desarme y la implementación del acuerdo de paz. Hasta la actualidad y como resultado de estas negociaciones ya se han lograron acuerdos sobre reforma rural (mayo, 2013), participación política de las FARC-EP (noviembre, 2013) y drogas ilícitas (mayo, 2014). El resto de la agenda está por negociarse.

Con la participación de los gobiernos de Cuba y Noruega como garantes, y Chile y Venezuela como países que acompañan estas negociaciones, se ha generado un contexto de diálogo multipartito que le ha dado a este proceso gran legitimidad y efectivas posibilidades de rendición de cuentas. Descontados los obvios y dramáticos efectos de u proceso de paz exitoso, algunas de las consecuencias internacionales altamente positivas de este sería la posibilidad de eliminar un importante componente del tráfico de drogas y de la violencia en la región, junto al mejoramiento de las relaciones interestatales de Colombia con los países vecinos y el incremento de sus relaciones económicas con el resto del continente y el mundo.

Sin embargo, la incapacidad de las partes para honrar la primera tregua en más de una década declarada unilateralmente a finales de 2012 y comienzos de 2013 por las FARC, puso de manifiesto la complejidad y lo incierto de este proceso. Las hostilidades continúan pari passu el  diálogo en La Habana. Lo mismo puede decirse del proyecto de justicia militar enviado por Gobierno que le concedió prerrogativas judiciales especiales a los miembros de las Fuerzas Armadas.

En un escenario exitoso de este diálogo los países de América Latina tienen un importante papel que cumplir informado a sus ciudadanos sobre los orígenes, consecuencias y posibilidades de solución de este conflicto, así como identificando los posibles medios para la participación constructiva de sus países en las etapas posteriores del proceso de paz, entre otros el ser garantes válidos de la implementación de los acuerdos logrados.