Avanzar al desarrollo

Publicado : 23 Septiembre, 2014 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|


En 2009, Felipe Larraín sostenía que traspasaríamos el umbral del desarrollo al alcanzar un ingreso por habitante de US$ 16.000. Para ello bastaba, con pocos agregados, seguir haciendo lo mismo. En 2011 Ricardo Lagos puso un signo de pregunta al señalar que no se podía confundir crecimiento económico con desarrollo. La literatura deja en evidencia que el desarrollo está asociado a distribuciones de ingreso más igualitarias, a cargas tributarias mayores y más equitativamente distribuidas que las que existen en Chile (que financian altos estándares en salud y educación), a sistemas educativos de alta calidad, a gastos en investigación y desarrollo sustantivamente mayores,  a otra infraestructura y a una diversificación productiva que no se condice con la dependencia congénita del país respecto del cobre.

Resulta, en consecuencia, una ilusión creer que alcanzaremos el desarrollo sin reformas profundas. Abundan las resistencias a mejorar la desigualdad de ingreso. La educación es de mala calidad, no asegura la movilidad social ni está entregando los recursos humanos que necesita el desarrollo. En las elecciones presidenciales el 75% de los votantes se manifestaron a favor de candidatos que querían introducir grandes cambios en el país. Pese al crecimiento que experimentó el país en el período 2010-2012, lo cierto es que la ciudadanía no parecía opinar que marchábamos al desarrollo.

En 2012, el profesor de Harvard y crítico del “chavismo” Ricardo Hausmann señaló: “el día en que el cobre pierda dinamismo o caigan los precios, Chile se va a encontrar sin motor de desarrollo”. ¿Podía extrañar, en este contexto, el lento crecimiento promedio de los últimos 15 años (en particular en comparación con los siete años dorados de la década de los 90), el cuasi estancamiento del crecimiento de la productividad; la relativa paralización de las obras de infraestructura, las dificultades de un acuerdo nacional en torno a la matriz energética y la relación economía-medioambiente?

Es por ello que las reformas impulsadas por la actual administración son condición, junto con otras iniciativas, para enfilarnos hacia el desarrollo. La reforma tributaria entrega mayores recursos al Estado para financiar las grandes tareas pendientes y da un impulso para mejorar la distribución del ingreso. La reforma educacional rompe el vínculo entre la situación socioeconómica de los hogares y la suerte de los hijos, abriendo el paso a muchos talentos que como efecto de la gran desigualdad quedaban en el camino. Abre, además, la posibilidad de entregar al sistema productivo los recursos humanos que requiere en una economía intensiva en conocimiento que supere la persistente dependencia de los recursos naturales y permita a través de la diversificación productiva participar en las ligas dinámicas de la economía internacional.

Algunos empresarios ponen como condición para “recuperar la confianza” que el gobierno descarte otras reformas, como la laboral. De ser razonable esta visión no habría país desarrollado, pues en todos ellos el actor sindical es una fuerza relevante. No toman en cuenta que el desarrollo no es producto de un grupo, sino que requiere el esfuerzo mancomunado de toda la sociedad. Sólo una relación equilibrada entre empresarios y trabajadores permitirá realizar el esfuerzo conjunto que se requiere para avanzar al desarrollo. Se requiere, además, un aumento importante del gasto y la inversión pública que financie la innovación y un salto en infraestructura contribuyendo así a movilizar al sector privado.