"En vez de la injusticia"

Publicado : 07 Abril, 2009 en Prensa

Como lo señala en el Prefacio, la idea de esta obra había surgido veinte años atrás, en 1988. Se trataba de elaborar un libro colectivo, cuyo título sería: “En vez de la injusticia”; treinta años después de “En vez de la miseria”. Se proponía realizar un análisis global y entregar propuestas de solución a los problemas del desarrollo y de la democracia, tal como lo había hecho Jorge Ahumada en 1958.

Sin embargo, la preparación del plebiscito y luego  las responsabilidades públicas que asumieron desde las elecciones de 1989 los invitados a participar, lo hicieron desistir del proyecto. Pero no desapareció su preocupación por el problema de fondo. De hecho, dedicó los tres últimos años de su vida, antes de que se descubriera su grave enfermedad, en forma casi obsesiva, a la preparación y redacción de este libro.

Creo que vale la pena centrar estas líneas en el último capítulo: “Una estrategia global para superar las injustas desigualdades”. Humberto inicia su análisis desde una perspectiva histórica. Descubre en la economía y en la sociedad chilena un “movimiento de larga duración” que se expresa como una tensión permanente hacia una mayor justicia y equidad.

En su diagnóstico de las desigualdades detecta la hipertrofia crónica de la economía de las grandes corporaciones, con respecto al limitado desarrollo de la economía de mercado. Subraya que, si esto no se corrige, no será posible avanzar sustantivamente en la eliminación de las desigualdades que va generando el actual esquema de crecimiento económico.

Por eso, insiste en la necesidad de “esbozar una nueva estrategia de crecimiento económico que esté asociada a un patrón de distribución de ingresos diferente al que hoy produce y reproduce las injustas desigualdades de la economía y de la sociedad chilenas” (p.311).

El autor no desconoce el impacto redistributivo de las políticas públicas. Por el contrario,  destaca que la estrategia redistributiva de la Concertación ha descansado en cuatro grandes orientaciones (p.181):

– Redistribuir el ingreso mediante el gasto social público, al margen del mercado.
– Focalizar el gasto público en los grupos más pobres.
– Elevar la oferta de bienes y servicios públicos, como la educación, la salud, el deporte, la recreación, la cultura.
– Aumentar progresivamente el ingreso mínimo y la asignación familiar para los grupos de más bajos ingresos, así como los programas públicos de empleo.

Según Humberto, esta última orientación es la única que constituye una intervención directa en los mercados de trabajo. A mi juicio, habría que agregar también el apoyo a las pequeñas y medianas empresas (PYMES), a través de la CORFO, del Banco del Estado, del INDAP e incluso del FOSIS. Estas intervenciones del Estado tienden a fortalecer a los sectores productivos más débiles, frente al poder de las grandes corporaciones que dominan el mercado.

De hecho, nuestro economista reconoce que los instrumentos de fomento productivo y de estímulo a la innovación y al emprendimiento se han ido perfeccionando y su impacto es crecientemente positivo (p. 341). Pero señala que son limitados por su escasa cobertura y el pequeño monto de los recursos asignados.

Humberto Vega no cree que  pueda prescindirse de las grandes empresas. Pero sostiene que “la economía de las Grandes Corporaciones deberá concentrarse en los sectores económicos que requieran grandes capitales“,  y que “es necesario cautelar el espacio económico indispensable para promover e impulsar una Economía de Mercado, constituida principalmente por las pequeñas y medianas empresas“ (p.335). Esto permitirá una reducción sustantiva de las desigualdades sociales, partiendo del aparato productivo, y no solamente de la redistribución generada por las políticas sociales.

¿Cuál es – se pregunta el autor – la fórmula institucional que permita desarrollar una estrategia de crecimiento de la Economía de Mercado que permita mejorar el emprendimiento y la calidad estratégica y operacional de las PYMES? Sostiene que la respuesta es conocida, pero no aplicada en forma masiva y descentralizada: se trata de desarrollar “Clusters” – con la colaboración de instituciones de fomento, empresarios y universidades – en los cuales lo más fundamental sea socializar la creatividad y el emprendimiento.

Sostiene que en Chile existen algunas experiencias exitosas, pero falta la decisión política consensuada de aplicar una estrategia de largo plazo para implementarla, aportando los recursos necesarios para la magnitud de la tarea. Este largo plazo puede tomar más de una década, y por eso requiere políticas y programas que vayan más allá de las asignaciones presupuestarias anuales y de los períodos de gobierno de cuatro años.

Humberto fue un soñador. Uno de sus grandes sueños fue contribuir a cambiar las estructuras de la economía chilena para acabar con las inequidades, para eliminar sistemáticamente las causas que generan las injustas desigualdades sociales.

Que su descanso no sea en paz. Que su libro “En vez de la Injusticia”(*) nos siga inquietando y cuestionando; que la segunda edición, que ya está circulando en el país, siga abriendo surcos para las semillas de igualdad y fraternidad. Para que algún día podamos volver a cantar con él: “Escucha, hermano, la canción de la alegría… sueña, cantando, un nuevo son…cuando los hombres volverán a ser hermanos”.

(*) “En vez de la Injusticia”. Autor: Humberto Vega Fernández. Editorial Ramdom House Mondadori. Año 2007. Santiago, Chile.