Hacienda

Publicado : 20 Septiembre, 2014 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


CONOZCO bien a todos los ministros de Hacienda, desde Büchi hasta Arenas. El problema no son ellos, sino que el modelo desde el cual han desempeñado su trabajo. La primacía de Hacienda no representa un principio universal de buena gestión económica. Por el contrario, constituye una herencia del régimen militar y un resabio de los tiempos de crisis y escasez. 

El poder vertical de Hacienda es funcional a un régimen autoritario. Así lo entendió Büchi y actuó en consecuencia. Pero, más que eso, la centralidad de Hacienda es tan lógica como la que corresponde a un gerente de finanzas de una empresa en crisis. Cuando hay poco o nada para invertir y el problema es cómo evitar la quiebra, es lógico que el responsable de las finanzas asuma la totalidad de las decisiones. 

Chile estuvo en quiebra. Pasamos por períodos duros, pero estamos ya en otra. ¿Qué hacer para crecer, para en términos técnicos, aumentar el producto potencial? En una empresa la respuesta no le corresponde al gerente de finanzas, por definición obnubilado por el corto plazo. Es el gerente de desarrollo quien debe proponer nuevos proyectos orientados a aumentar el volumen de actividad y el valor de la compañía. 

Las cosas no son distintas a nivel del país. Para el responsable de cautelar los equilibrios fiscales, el surgimiento de una buena alternativa de inversión, rentable hacia el futuro, pero cara en el corto plazo, no es una buena noticia. Al contrario, representa una amenaza de desajuste de los equilibrios.

Por definición, los ministros de Hacienda son conservadores. Ellos son los garantes de la sanidad de las cuentas públicas. Si fallan en su cometido, cualquier otra cosa pierde sentido. En la inestabilidad no hay futuro. Los equilibrios son condición necesaria, pero no suficiente. La desaceleración no es un fenómeno pasajero, tiene -por el contrario- un fuerte componente estructural que resulta del declive del ciclo minero y del estancamiento de la productividad por ya más de 10 años.

Hay que innovar, hay que diversificarse. Por cierto, hay que renovar la matriz energética, pero no basta. Necesitamos incorporar nuevos sectores de actividad. Necesitamos redefinir nuestra estrategia. Hay que poner en el centro la innovación, el emprendimiento, el fomento, la diversificación. La posibilidad de desarrollarnos se juega en la capacidad de construir una coalición amplia por la producción y el emprendimiento, que ponga las finanzas en el lugar complementario que les corresponde.

Para todo esto se requiere un equipo económico robusto, constituido por un Banco Central que cumpla con las funciones que la ley le asigna; un Ministerio de Hacienda que vele por el equilibrio de las cuentas fiscales, y un Ministerio de Economía, del Desarrollo, de la Producción o como quiera llamársele, que se preocupe de incorporar en la agenda esa dimensión de largo plazo cuya ausencia con tanta razón reclamó el ex Presidente Lagos. 

Bastante más que un cambio de gabinete, la verdadera cuestión planteada es la del cambio del modelo de conducción económica que heredamos de un pasado que hace tiempo dejamos atrás.