¡Falta la cuarta reforma!

Publicado : 05 Septiembre, 2014 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


Me cuento entre quienes comparten la necesidad de las tres reformas planteadas por el gobierno: la tributaria, la educacional y una nueva Constitución. Sin embargo, no veo buenos argumentos para fundamentar el orden -salvo comenzar por la tributaria- en que éstas han sido planteadas ni tampoco por qué son tres y no cuatro o a lo mejor cinco, por lo menos, las que el país necesita para dar un salto adelante.

La pregunta es pertinente y surge con mucha fuerza a raíz de lo que eufemísticamente se ha dado en llamar “la desaceleración de la economía”. Es un hecho que el crecimiento del 2014 puede estar incluso por debajo del 2% y que se anticipa para el 2015 una tasa sólo ligeramente superior. Enfrentamos, en consecuencia, una situación delicada que traerá consigo un aumento del desempleo y un estancamiento de las remuneraciones reales.

Hacen gala de mala fe quienes culpan a las reformas planteadas, en especial la tributaria, por la caída que experimenta la economía. Los indicadores de desaceleración son anteriores al cambio de gobierno. La caída de la inversión es un fenómeno que se viene manifestando desde finales del 2012 y responde a una reversión del ciclo de auge de los commodities, producto de la moderación del crecimiento de China.

Es también público y notorio que las actuales autoridades económicas llamaron en su momento la atención sobre los nubarrones que se divisaban en el escenario económico nacional e internacional.

Pero surge una pregunta sin respuesta fácil. ¿Si se sabía que la economía estaba entrando a una fase de bajo crecimiento, por qué no se dio a las reformas económicas la prioridad que merecían?

La omisión es grave, porque existe amplia evidencia de que los problemas de la economía chilena no son puramente coyunturales. Lo cierto es que la economía entró hace ya más de una década a una fase de menor crecimiento. Y que -factor decisivo- durante todo ese período la productividad se mantuvo estancada. ¡Esta es la cuestión de fondo! Mientras este problema no sea enfrentado, la economía seguirá al tres y al cuatro, manteniendo una estructura productiva que es, por lo demás, la base a partir de la cual se producen y reproducen las flagrantes desigualdades que caracterizan a la sociedad chilena.

Por razones que cuesta comprender no se hizo de la transformación productiva una cuestión prioritaria. Equivocadamente se actuó como si la desaceleración fuera un acontecimiento más bien pasajero que debía superarse conforme mejorara la coyuntura internacional.

¡Faltó la cuarta reforma!

Es cierto, a través del Ministerio de Economía el gobierno lanzó su Agenda de Productividad. Las medidas allí enunciadas van en buena dirección, pero digamos las cosas como son: constituyen más bien un tratamiento homeopático. No hay contemplados allí instrumentos de alta potencia que le den un impulso significativo a una economía que perdió su dinamismo hace ya bastante tiempo.

Un nuevo dinamismo sólo puede provenir de una diversificación de nuestra matriz productiva y ésta requiere de una renovada estrategia de desarrollo. Todavía es tiempo para formularla y ponerla en práctica.