Reforma electoral y ley de cuotas: no se admiten cocinas

Publicado : 26 Agosto, 2014 en Columnas Chile 21, Igualdad de género, Javiera Arce

|por Javiera Arce|


El miércoles 13 de agosto, fuimos testigos de unos de los avances más significativos de la democracia chilena: se aprobó en general y en particular la reforma al Sistema Electoral Binominal en la Cámara de Diputados. El corazón de la reforma –redistritaje, aumento de parlamentarios y cuota de 40% obligatorio de candidatas en las listas nacionales de los partidos– fue defendido y aprobado con apoyos transversales y sin mayores modificaciones, salvo algunos aspectos operativos en materia de inscripción de candidatos y la profundización de las medidas de acción afirmativa de género.

Norris (2004), nos plantea que las reformas electorales se convierten en procesos de alta complejidad. ¿Por qué? Porque se relacionan de manera directa con acuerdos de reparto del poder, en ellos se decide quiénes pueden entrar o no en el juego político.

¿Qué tuvo de particular esta tramitación? La movilización de actores y sobre todo de mujeres. Se generó un intenso diálogo entre las mujeres de los distintos partidos tanto de la Alianza como también de la Nueva Mayoría por perfeccionar la norma y su posterior aprobación. Factor determinante del éxito en su votación con un respaldo de 86 votos.

Los avances en materia de cuotas de género no son tan sustantivos como quisiéramos, ya que nuestro sistema electoral debe estar en sintonía con nuestra cultura política multipartidista; no obstante, en este aspecto no se deben admitir negociaciones en la cocina, y en la proporcionalidad de los distritos tampoco. Es sabido que a mayor proporcionalidad del sistema electoral, las mujeres tienen mayores probabilidades de salir electas. Asimismo, los avances en materia de nominación y conformación de las listas por ningún motivo deben bajar del 40% obligatorio, sin embargo, quedan algunos pendientes.

1)   Reforma en la Ley de Primarias: se decidió rechazar la indicación del Gobierno que permitía soslayar el cumplimiento de la cuota si se efectuaba una primaria (gracias a la movilización de las diputadas, organizaciones de mujeres y académicas que presionaron por buscar una salida al respecto). Indicaciones como estas no deben repetirse en el futuro. Medidas como suspender la primaria mientras dure la ley de cuotas no es lo más adecuado, incluso agregar cuotas en las elecciones primarias tampoco es suficiente. La Ley de Primarias implica un fuerte avance en materia de selección de candidatos, es más, permite rápidamente, a quienes no tienen acceso a las cúpulas, levantarse como desafiantes y forzar la elección. No obstante el acarreo de votantes y el posible cohecho que se da en escenarios de voto voluntario, se transforman en factores de éxito de la elección, por lo que se debe fiscalizar, castigar con severidad y erradicar dichas prácticas. Asimismo procurar formas de financiamiento de campañas primarias, control del gasto electoral y transparencia, que dejan de manifiesto las enormes desigualdades entre candidatos hombres y mujeres.

2)   Reforma a la Ley de Partidos Políticos: el autoritarismo con que se ejerce la administración interna de los partidos, así como también la falta de apertura en los procesos de nominación de candidatos y toma de decisiones, se vinculan con el grave problema de ausencia de mujeres en las estructuras de poder, lo que impacta en el bajo número de candidaturas femeninas. Esta reforma tienen carácter urgente.

3)   Reforzar la transparencia en las donaciones para las campañas, rebaja en los límites de gasto electoral y fuerte control del gasto: estas medidas, además de profundizar la credibilidad en la política, benefician por sobre todo a las mujeres, para que el factor económico no determine el éxito electoral.

La principal lección que podemos sacar después de la reforma electoral, es que en el futuro las reformas políticas deben ser vistas con una mirada integral y no disgregadas en pedacitos; cualquier modificación que se realice en uno de los cuerpos legales, tendrá significativos impactos e incluso incompatibilidades con otros, por lo que hay que analizar todas las variables en detalle; por otro lado, las reformas políticas pasarán a tener una connotación más flexible, y podrán ser revisadas en el futuro con mayor frecuencia y con menos reticencias. La reforma electoral se convirtió en un fuerte precedente para poder avanzar en mejorar la calidad de la democracia chilena.