Acuerdos y convicciones

Publicado : 22 Agosto, 2014 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


UNA COSA son los acuerdos en democracia y otra bien distinta la democracia de los acuerdos. Los acuerdos son un instrumento importante, a veces fundamental, en el correcto funcionamiento de una democracia. Ellos ofrecen la posibilidad de constituir las mayorías indispensables para avanzar y son también la manera de asegurar mayor estabilidad y proyección a transformaciones de fondo. Todo esto es obvio, puro sentido común. 

La discusión planteada en Chile es más compleja. El desplome de la democracia y los 17 años de dictadura obligaron a una transición compleja en la cual imperó la llamada democracia de los acuerdos. Esta obligaba a buscar grandes entendimientos, cercanos a veces a la unanimidad, para impulsar cambios de alguna trascendencia. Las circunstancias no dejaban  espacio para el libre juego de mayorías y minorías propio de la democracia. Las convicciones tenían poca cabida. Eran tiempos fecundos para las tratativas y las concesiones. 

Sabíamos que esa era la realidad del país producto de nuestra peculiar transición y no tuvimos más opción que asumirla. La fragilidad de la naciente institucionalidad democrática, el peso abrumador de los poderes fácticos y la permanencia de Pinochet en la Comandancia en Jefe del Ejército provocaron una suerte de estado de excepción, que operó como camisa de fuerza al interior del sistema democrático en construcción. 

La democracia de los acuerdos tuvo el mérito de hacer posible la consolidación de un sistema básico de libertades. Sin embargo, tuvo como contrapartida la generación de un gran distanciamiento de la ciudadanía respecto de las instituciones. Se acentuó en la gente la noción de que, finalmente, no hay opciones y que da todo más o menos lo mismo. La democracia perdió energía y capacidad transformadora. Esta es la situación en la actualidad que se busca superar. Michelle Bachelet pidió y obtuvo un gran respaldo ciudadano para hacer posible este objetivo.

Desde el nuevo gobierno soplan vientos de cambios que apuntan a impulsar importantes reformas. Los sectores conservadores saben que no están en situación de dar una batalla frontal. Su estrategia es oblicua y para su ejecución buscan reeditar la democracia de los acuerdos.

Con el discurso de que el programa comprometido no es una biblia o que no se puede gobernar a partir de la voz de la calle, se pretende desnaturalizar las reformas y fracturar la mayoría que se expresó a favor de una opción de transformación. 

Los acuerdos son importantes cuando enriquecen la voluntad mayoritaria. Por el contrario, lesionan la democracia cuando son un pretexto para obstaculizar los cambios e inhibir la expresión de las convicciones.

La democracia se construye a través de consensos y disensos. La unanimidad es una condición rara que se logra principalmente a partir de un  mínimo común denominador, que es a menudo sinónimo de mediocridad.

Una democracia sana es la que, reconociendo las contradicciones y los conflictos, abre espacios para su resolución de acuerdo con las convicciones que fueron capaces de generar el respaldo de la mayoría.