El rol de Bachelet

Publicado : 12 Agosto, 2014 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|


EL IMPULSO de las reformas no es lo único que diferencia esta administración de la que encabezó la Presidenta entre el 2006 y el 2010. Entonces, fue criticada por concentrarse en su función de Jefa de Estado, por delegar en exceso las tareas de jefa de gobierno y por desatender su rol como jefa política de la Concertación. Hoy se esboza otra situación; la convocatoria a la reunión del comité político del martes 29 de julio fue una clara expresión de que Bachelet asume su rol como jefa de gobierno.

La marcha de las reformas ha aparecido comprometida por la virulenta oposición y por debilidades de la conducción política. La tributaria, que aumenta la recaudación y focaliza sus efectos en los sectores más acomodados, avanzaba, pero estigmatizada por la oposición como una amenaza generalizada a los grupos medios, al ahorro y a la inversión.

El Protocolo de Acuerdo, por la manera en que se alcanzó, generó tensiones en la Nueva Mayoría. En educación las cosas no andaban mejor. Es una reforma que abarca el fin del lucro, el aumento del financiamiento a diferentes proyectos educacionales, el mejoramiento de las instituciones, de los procesos involucrados y de la profesión docente, el énfasis en la calidad, e incluso aumenta el ingreso disponible de las familias al eliminarse el copago. Pero el ministro llegó a ser criticado, simultáneamente, por el vocero de la Iglesia Católica y por la Fech.

La importancia y el alcance de las reformas explican parte de la complejidad política. En educación se revelan como fundamentales la capacidad de diálogo y la prolijidad con que se conduzca el proceso de reforma. Pero por sus implicancias y encadenamiento con otras reformas en marcha, el manejo de las dificultades políticas inherentes requiere la acción conjunta del gobierno y la presencia de la cabeza del gobierno.

La convocatoria del comité político a tal efecto, y el poner en juego su capital político para sacar adelante las reformas, evidencian una nueva disposición presidencial. Convocar a más de 50 dirigentes de la Nueva Mayoría a Cerro Castillo señaliza que la Presidenta asume su rol como jefa de la Nueva Mayoría. Las relaciones con los partidos y los parlamentarios de la coalición son decisivas para el éxito gubernamental.  

Cabe ahora al comité político y a sus integrantes asumir con más efectividad sus tareas. La Segpres debiera asumir sus responsabilidades respecto del Congreso y de la coordinación de la ejecución del programa gubernamental. Falta también una conducción más clara de la coalición por parte de sus actuales dirigentes. Hay muchos debates que se deberían dar primero al interior de la coordinación política y con el comité político antes de comunicarlas a la opinión pública; ello no sería hermetismo, sino conciencia acerca de la magnitud de las reformas en que está embarcado el gobierno.

Se carece también de una clara estrategia discursiva sobre el sentido, la pertinencia y la articulación de las reformas que le dé sentido a la esgrima comunicacional cotidiana. Ello es fundamental para superar intereses particulares.