La gran incertidumbre

Publicado : 08 Agosto, 2014 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


INCERTIDUMBRE: es la palabra clave, casi mágica, con la cual se busca explicar casi todo lo que ocurre en el país y, por cierto, la caída en el crecimiento que viene experimentando la economía  chilena. El último Imacec de 0,8% para junio ha venido a reforzar este discurso.

“La desaceleración supera los peores pronósticos”; “es recesión y no desaceleración”; “la economía  va de mal en peor”, son algunos de los comentarios recurrentes en estos días. La estructura de la argumentación no es muy sofisticada: las reformas comprometidas por el gobierno provocan incertidumbre; ésta impacta negativamente sobre la inversión, lo que termina traduciéndose en menor crecimiento.

Es un razonamiento que tiene la ventaja de la simpleza, pero sus fundamentos son precarios. La desaceleración de la economía viene manifestándose desde bastante antes del cambio de gobierno y del anuncio de la reforma tributaria. Por otra parte, hay factores internacionales, como la disminución del ritmo de la economía china, que inciden en la caída de la tasa de crecimiento, fenómeno que es generalizado en los países exportadores de commodities.

La economía chilena tiene problemas. Estos son de fondo y vienen arrastrándose por más de una década. Su expresión resumida es el estancamiento de la productividad. Los factores que la explican dicen relación con la falta de innovación, las carencias de infraestructura y los elevados costos de la energía. Esa es la discusión de fondo que se ha venido eludiendo.

De aquí en adelante, la presión de las fuerzas conservadoras se acrecentará. El objetivo es claro: se trata de frenar el impulso reformador. Están buscado para ello estructurar una coalición en la cual confluyan las distintas derechas con sectores de la actual Nueva Mayoría que están actuando como quinta columna, que busca desde dentro limitar al máximo la  profundidad de las reformas.

El tema de la incertidumbre ocupará un lugar central en la argumentación de los conservadores. En las últimas semanas han obtenido logros que los estimulan a perseverar en una dirección. Objetivamente, la reforma tributaria que se aprobará en el Parlamento tendrá un menor calado que el proyecto original. La recaudación efectiva será menor, perderá en progresividad y mantendrá importantes espacios para la elusión. La reforma educacional, por su parte, está corriendo el serio riesgo de no asegurar una educación pública de calidad y gratuita. Una candidata a perecer antes de haber nacido es la agenda de reformas laborales que había venido emergiendo producto de la presión del movimiento sindical. Y para qué hablar de la Nueva Constitución. Objetivamente, corre el riesgo de quedar como bandera fundamental, pero para el próximo gobierno.

Esos son los riesgos. Hay que evitar que se concreten. Es perfectamente posible oponer a la coalición conservadora una convergencia reformadora -una nueva mayoría social y política- capaz  de sustentar el proceso de cambio. Esta es la condición fundamental para evitar que con el argumento de la incertidumbre económica se termine generando una incertidumbre mucho mayor respecto de nuestro futuro político e institucional.