El costo de la democracia y el valor de la política

Publicado : 06 Agosto, 2014 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


Pese al escepticismo, y contra todo pronóstico, la reforma al sistema electoral binominal ha logrado avanzar de manera significativa en el Congreso, al punto que como nunca antes desde la recuperación de la democracia en 1990 y después de múltiples intentos fallidos, esta vez parece que si resultará. Todo ello, por cierto, mérito de un ministro de Estado que ha puesto parte de su capital político a disposición de la iniciativa, como ha sido el titular de Interior.

No obstante, hay cuestiones que empiezan a emerger en el debate y sobre las cuales es  necesario poner atención. En primer lugar, el espurio debate respecto al costo de la reforma, y el segundo, respecto a la contribución de esta iniciativa en el marco de un sistema político que tiene importantes problemas de representación y que requiere una cirugía mayor.

En cuanto al costo de la reforma, lo cierto es que el debate que se ha generado ha sido algo artificioso. Primero, se hace difícil sostener que un aumento de parlamentarios (de 120 a 155 en la Cámara de Diputados y de 38 a 50 en el Senado) no genere un gasto mayor al Fisco, aun cuando se contemple recortes en el presupuesto del Congreso por aquí o por allá; pero no sólo eso, poner énfasis en el costo cero de la reforma sólo minimiza el valor de una iniciativa tan importante como esta.

En efecto, mejorar las condiciones en que opera la democracia tiene valor social y es preciso asumir, en consecuencia, que esto también tiene un correlato en materia presupuestaria, sobre todo si se trata de una reforma tan importante como esta. Otra cosa es reconocer la necesidad de aprovechar la oportunidad para poner en la agenda dos cuestiones que surgen al calor de esta iniciativa y que si se vinculan con los costos, ¿requiere nuestro sistema político dos cámaras en el Congreso? Y, más aún, a propósito de una iniciativa presentada al principio de esta legislatura por los diputados Jackson y Boric sobre las dietas parlamentarias -las remuneraciones de los parlamentarios sin contar las asignaciones para la realización de su trabajo- ¿son realmente justas en relación al sueldo medio en Chile?. Ambas discusiones irían en el sentido correcto, porque no plantean a priori una desvalorización de la actividad parlamentaria, sino que una discusión importante sobre el funcionamiento del Congreso y la igualdad de ingresos.

En relación al segundo punto, es necesario reconocer que si bien la reforma electoral tiene la mayor importancia en relación a mejorar las formas de representación de nuestra democracia, ello está lejos de ser suficiente en las condiciones actuales. En efecto, es claro que avanzar en la calidad de nuestra democracia requiere también relevar y analizar reformas de otros aspectos de nuestro sistema político que son fundamentales para devolver el valor que tiene la política en nuestra sociedad. De este modo, en lo inmediato es al menos relevante discutir dos reformas: financiamiento de la política y reforma a los partidos. Esto es relevante, porque si bien en Chile existe desde 2003 una ley de financiamiento y límite del gasto electoral, la práctica ha demostrado que ésta es muy insuficiente en relación a la necesidad de fiscalizar el gasto y evitar una relación opaca entre política y dinero. Asimismo,  si bien los partidos políticos en Chile gozan de altos grados de estabilidad, lo cierto es que, tal como constata el Informe Auditoría a la Democracia de PNUD, su constitución y funcionamiento se encuentra anclado en las lógicas de la transición, lo que hace necesario plantearse un cambio en la legislación que obedezca a la necesidad de relevar su rol, modernizar sus estructuras y acercarlos a la ciudadanía.