La muletilla de la flexibilidad laboral

Publicado : 13 Marzo, 2009 en Prensa

En las últimas semanas hemos leído en los periódicos y visto en la TV una gran cantidad de sugerencias respecto de la importancia de la flexibilidad laboral. Supuestamente, si se adoptaran se beneficiaría el país en su conjunto y muy especialmente a los trabajadores actuales y potenciales. Los proponentes nunca mencionan los costos asociados a las medidas que se proponen. Como todo economista sabe bien, todas las medidas tienen costos y beneficios. Mencionar sólo beneficios y ninguno de los costos es, en realidad, propaganda.

Veamos entonces las medidas que parecen mejor pensadas y sus costos y beneficios. La primera medida que habitualmente se menciona es poder despedir trabajadores según la necesidad de la empresa sin indemnización o con una indemnización reducida. Sin duda, esto tiene la ventaja de permitir que las empresas se adapten rápidamente a las condiciones cambiantes de mercado con un gasto menor. Pero tiene dos costos. El primero es el desempleo que genera, el que se puede medir por el ingreso que deja de percibir el trabajador y, desde luego, hay que agregarle las consecuencias que esto tiene para el resto de la familia al no poder pagar las cuentas, los colegios, los remedios etc. El segundo es que tiene un costo potencial adicional en la medida que el Estado contribuye a financiar una parte de los seguros de cesantía con la plata de todos los chilenos. ¿Ahorro para la empresa y gasto para el Estado?

En un estudio que realicé el 2008, usando datos de la Encuesta de Protección Social, descubrí que de las personas que se quedan cesantes sólo el 6,4% tiene derecho a cobrar indemnizaciones por años de servicio (IAS). Para la tranquilidad del lector, Libertad y Desarrollo calculó, en septiembre de 2008, por otro método que sólo el 5,9% de las personas que quedan cesantes tienen derecho a cobrar las IAS. Es decir, simplemente no es cierto que la supuesta rigidez laboral se deba a las IAS.

La jornada laboral flexible es otra de las propuestas favoritas de estos supuestos mecenas públicos. Coincido en que se puede mejorar la flexibilidad de la jornada para acomodar mejor a estudiantes y mujeres, así como a las empresas que necesitan más gente en horas de mayor actividad. Pero cuando se propone partir la jornada en dos partes durante el mismo día lo que se está planteando es una ineficiencia social y un  abuso con los trabajadores. Por eso se eliminó la doble jornada y se adoptó la jornada única en todo el mundo. Con la doble jornada el costo de transporte se duplica, las horas con la familia o para estudiar se ven afectadas, la posibilidad de tener otro empleo también e incluso puede tener efectos adversos sobre la contaminación al aumentar los viajes. Además, ¿que harían los empleados mientras esperan la segunda parte de la jornada?

Otra de las creaciones imaginativas es que se suspenda el contrato de trabajo dependiendo del nivel de actividad económica. En apoyo de la propuesta se cita el caso de las empresas automotrices en los EEUU y España. En los países donde esto ocurre en muchos casos se mantiene los sueldos inalterados (dando “vacaciones”) o la empresa complementa el seguro de desempleo hasta cubrir por lo menos el 80% del sueldo. El verdadero ahorro está en parar las fábricas. En Chile nada impide que una empresa siga pagando los sueldos y que los empleados que no concurra al trabajo. ¿O es la propuesta crear un seguro de desempleo como el de los países industriales? Para eso cuenten con todo mi apoyo y, mucho más importante, con el de los trabajadores.

El Banco de Horas propuesto por Amcham, parece una medida razonable ya que le garantiza al trabajador que nunca ganará menos de lo pagado por 45 horas semanales y que las horas que deje de trabajar en un período sólo se usarán para trabajar hasta un máximo de 10 horas en los períodos de mayor actividad. Cualquier exceso sobre las 10 horas diarias, suponemos que con límites, se pagaría como horas extraordinarias.

En definitiva, muchas de estas propuestas no son viables porque no disponemos de un seguro de desempleo que realmente proteja a los desempleados. Pretender modificar las leyes sin considerar el costo individual, familiar y social de las medidas propuestas es simplemente propaganda.

Para tener un mercado laboral más fluido, que fortalezca la fábrica social y la productividad y que evite que las familias vuelvan a caer en la pobreza se requiere de varios elementos que exceden largamente la tan cacareada flexibilidad laboral.

En primer lugar, se necesita un seguro de desempleo que merezca el nombre. El Ministro de Hacienda quedó muy entusiasmado con el sistema de Dinamarca, pero las propuestas que el Gobierno hizo al Congreso el año 2008 se quedaron muy cortas de crear un seguro de verdad. El país debe moverse hacia un seguro de desempleo universal, que reponga la mayor parte del ingreso perdido, por períodos de al menos 6 meses y que el gobierno pueda extender en casos de recesión.

En segundo lugar, se necesita disminuir el trabajo informal, que afecta a un 40% de las personas que trabajan en Chile y cuyo costo para el país, los trabajadores y sus familias es demasiado oneroso. Un paso importante en esta dirección sería eliminar las distinciones entre tipos de contrato (por jornada, por obra, indefinido, etc). Al eliminar las diferencias entre contratos se evitaría toda la parafernalia que han montado las empresas para evitar pagar las IAS y otros beneficios sociales, incluyendo los costos de los aportes al seguro de desempleo. Estas distinciones añejas entre tipos de contrato lo único que hacen es introducir diferencias que dan pié a los abusos laborales de lado y lado. ¿Sabía Ud., por ejemplo, que algunas empresas hacen “rotar” a los empleados de manera que no cumplan 12 meses en un mismo trabajo y no tengan acceso a las IAS?

En tercer lugar, debe haber diálogo. No puede ser que políticas que afectan a todos los chilenos no se discutan en una mesa de diálogo con representantes de los trabajadores, de los empresarios y del gobierno, como se hace en todos los países desarrollados, en la OCDE y en la OIT. Los problemas laborales en Chile no se van solucionar con cada estamento hablándole a sus propias “huestes” e ignorando los hechos demostrados de nuestro país, como la insignificancia de las IAS, y la utilidad que puede tener la experiencia internacional en materia de políticas de empleo y seguros de desempleo.

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