TV y política, cincuenta años después

Publicado : 12 Marzo, 2009 en Prensa

La relación entre TV y política, tuvo un momento estelar en 1960, cuando más de 60 millones de estadounidenses pudieron ver, por primera vez en la historia, un debate presidencial entre dos aspirantes a la Casa Blanca: John F. Fennedy y Richard Nixon. Ello ocurrió cuando la nación norteamericana contaba ya con más de 20 millones de televisores en todo el territorio federal.

Fueron las grandes cadenas privadas de televisión norteamericanas CBS, ABC y NBC las que se unieron para llevar a cabo este primer debate televisado, que no solo fue el primero para EEUU, sino que también para el mundo entero.

Quienes escucharon la contienda a través de la radio, dieron por ganador al experimentado Nixon, mientras las audiencias televisivas otorgaban un contundente respaldo al senador demócrata J. F. Kennedy; se inauguraba así la era audiovisual de la política. Fue un hecho extraordinario que cambió la política para siempre.

Recién, catorce años más tarde, se realizará en Francia el primer debate televisado entre Francois Miterrand y Valéry Giscard d’Estaing. Distancia en el tiempo que marcará para siempre la supremacía de EEUU en la investigación, cobertura y desarrollo de las modernas técnicas de comunicación masiva a través de ese novedoso aparato llamado “televisor”.

En España como en Chile esta etapa de la naciente “democracia de masas”, no ocurrirá sino hasta fines de los años ochenta y principio de los noventa. Ambos países sufrirán la experiencia de regímenes autoritarios que atrasarán para siempre su inserción en esta moderna tecnología audiovisual. En España el primer debate televisado entre un Presidente en ejercicio (Felipe González) y el principal líder de la oposición (José María Aznar) ocurrirá recién en 1993. Mientras que en Chile será en 1989 cuando Patricio Aylwin y Hernán Büchi anticipan el regreso de la democracia luego de 17 años de dictadura militar, a través de un debate televisado que es visto por millones de connacionales.

Hace un par de años atrás, Francia a través de una inédita alianza público-privada lanzó la primera cadena de información continua a nivel internacional: France 24 y cuyo propósito no es otro que aportar una mirada “francesa” a los acontecimientos internacionales, pero esta vez, también en ingles, árabe y muy pronto en español, seguramente como una manera de oponerse a la hegemonía norteamericana en la construcción de la agenda global. Ello, mientras en Sudamérica el carismático Presidente venezolano Hugo Chávez consolida el nacimiento de “Telesur”, canal que busca difundir la diversidad cultural y social de América Latina y de paso, oponerse a la política exterior de la Casa Blanca. En ambos casos, la TV juega un rol clave en los planteamientos informativos e ideológicos que cada país quiere relevar en el mundo.

Desde la antigua Grecia hasta los albores del siglo XXI, la política ha desarrollado maneras culturalmente específicas de comunicarse con sus “públicos”. Desde la retórica helénica hasta la propaganda de los emperadores romanos y la construcción simbólica del “Rey Sol” en la Francia absolutista. El nacimiento del libro en el siglo XVI y la aparición de los periódicos y pasquines en el siglo XVII que revolucionan para siempre la manera de comunicarse. El comienzo de las campañas electorales en la segunda mitad del siglo XIX, a través del tren electoral en EEUU. El invento del telégrafo (usado intensivamente durante la segunda guerra mundial) y después la aparición de la radio, hasta el notable invento de la TV en los año 40 y 50 del siglo pasado.

TV: un objeto no pensado

El prestigioso sociólogo francés Dominique Wolton advierte que la televisión, a pesar de ser la tecnología más popular e influyente de todas, continúa siendo un “objeto no pensado”. Paradoja que se torna interesante para quienes ingresan en la investigación del impacto de la TV en la vida cotidiana del hombre moderno, una vez que la globalización convierte al medio televisivo en el vínculo preferente y masivamente más igualitario para conocer el mundo en sus extremos (sociales, económicos, políticos y culturales) y entretenerse de una forma a la vez peculiar y homogénea.

Los Informes de Desarrollo Humano del PNUD, han demostrado fehacientemente que en la actualidad, más que los discursos políticos, son las imágenes de televisión las que dan nombre a las experiencias cotidianas de la gente. Las imágenes parecen más dúctiles y seductoras que las palabras para dar cuenta de las vivencias afectivas y comunicar las emociones de las personas. Constatándose que toda convivencia social se ve ahora atravesada por una cultura de la imagen. De manera similar a las ideologías políticas de antaño, ahora la televisión parece brindar a los chilenos y chilenas las claves de interpretación con las cuales ver, leer y estructurar sus opiniones y creencias.

Los analistas de Naciones Unidas parecen haber llegado al convencimiento que la política está siendo inevitablemente determinada por los medios de comunicación. “Los mensajes y conversaciones que éstos producen tienden a definir los espacios de la actividad política y la opinión pública, así como a fijar la agenda de lo que es y no es importante. Cada vez más, los medios imponen sus reglas de representación –el rating como criterio de impacto, el sentido de un hecho a partir de su valor noticioso, la forma de hablar y de vestirse, los escenarios para aparecer, etc.- por sobre las formas y criterios de representación de la política. Esta “mediatización” de la política crea un nuevo tipo de político y de ciudadano, desarrollándose un vínculo nuevo entre quienes delegan el poder y quienes lo asumen en condición de representantes” (PNUD, 2004).

En la actualidad, el ejercicio de la política está inevitablemente determinado por las nuevas condiciones estéticas y programáticas de comunicación e información que la televisión está generando. Hoy, no son pocos los actores de la política que todos los días se esfuerzan por desarrollar acciones o estrategias comunicativas que lleguen a ser consideradas atractivas por los editores de televisión, especialmente de los noticiarios.

No obstante, esta mediatización de la política, trae consigo una simplificación de sus contenidos y una fragmentación de los mensajes, diseminando las fronteras entre lo trivial y lo substancial, en una imbricación aleatoria de espectáculo e información. Baste recordar que hace 30 años en los EEUU, el promedio de tiempo que los noticiarios de la televisión ofrecían a las palabras de un candidato a la presidencia era de 42,3 segundos, en la actualidad se han reducido a no más de 10 segundos (Verón, 1998).

Los políticos fuera de tratar de mimetizarse con el imperio de los medios, construyendo una oferta atractiva para sus editores o quejándose amargamente de la nueva dictadura de la imagen, parecen estar haciendo muy poco por entenderlos. Predomina en la clase política una aproximación aún intuitiva y confusa frente a las nuevas determinaciones estéticas y de contenido de la televisión, son acciones voluntaristas que no alcanzan a comprender la magnitud de las transformaciones que la política está experimentando.

Hoy los actores de la política, como nunca antes, pueden dirigirse de manera tan directa e instantánea a los ciudadanos, sin embargo y también, de forma inédita, los dirigentes políticos experimentan una abundante incertidumbre para comunicarse con sus públicos objetivos. Lejos han quedado las imágenes de las alocuciones grandilocuentes, las epopeyas ideológicas y los actos masivos, siendo reemplazadas por un rostro seductor, un programa concreto y la cuña mediáticamente perfecta.

Cincuenta años de TV en Chile

Cincuenta años han pasado ya desde la primera emisión de la televisión en Chile, se trató de una transmisión experimental realizada desde el canal de la Universidad Católica de Valparaíso. Nadie podía suponer las gigantescas transformaciones que este aparato audiovisual traía consigo, se extendió en la postguerra primero como un artículo de lujo, en nuestros días es ya un objeto de primera necesidad.

Hoy en Chile cada hogar tiene un promedio de 2,2 televisores, sin contar la presencia de esta tecnología en bares, estaciones del metro, escuelas, aeropuertos, salas de espera y en tantos otros sitios a lo largo y ancho de nuestro país. Más aun, en estos días, se accede a la programación televisiva desde la telefonía móvil e Internet.

La TV todavía es el objeto que reúne a la familia diariamente, en el horario premium, entre las 20:00 y las 22:00 horas. A esa hora en Chile más de 7 millones de compatriotas están mirando la “Tele”. Seguramente la acción privada más pública de todas, como lo advierte Dominique Wolton, que permite a esta sociedad democrática de masas unirse en una experiencia común, donde todos miran lo mismo, pero donde cada uno ve cosas distintas.

La política definitivamente está experimentando una gran transformación, determinada especialmente por las pautas de consumo televisivo de las audiencias chilenas y los formatos y contenidos que este medio de comunicación está privilegiando en la construcción de sus mensajes.

El contexto

Recientemente, el Gobierno de la Presidenta Bachelet ha enviado al Congreso Nacional dos proyectos de ley que se proponen hacer cambios sustantivos al Consejo Nacional de Televisión y al canal público TVN, y de paso establecer las normas de transmisión para la TV digital. Ha sido el propio Ministro Secretario General de la Presidencia José Antonio Viera-Gallo quien ha comparado el envío de estos proyectos, con lo ocurrido con la TV chilena cuando pasó desde el blanco y negro al color, destacando que es la cuarta vez que el Ejecutivo aborda cambios de fondo al medio televisivo en Chile.

A lo anterior, se suma la realización del Seminario Internacional organizado por el Consejo Nacional de TV (CNTV) entre los días 2 y 3 de octubre del año 2008 en el Hotel Radisson para conocer las experiencias de varios países en materias de regulación del medio televisivo. Se trató de una iniciativa que logró analizar y comparar los planteamientos de México, Brasil, Polonia, República Checa, Uruguay y Francia entre otros. En la oportunidad, el Ministro Secretario General de Gobierno Francisco Vidal abogó por un fortalecimiento del carácter público del canal nacional, señalando enfáticamente que “TVN tiene que ser más pública de lo que es hoy día, sino cumple con eso, mejor que se privatice”.

Finalmente, es importante destacar la llegada a Chile del canal global de noticias CNN, que inició sus transmisiones a fines del año pasado y que como lo dijera Rolando Ramos, encargado de la operación en el país, “tiene como objetivo mostrar las noticias más allá de Santiago, de Arica a Punta Arenas, las 24 horas del día los 365 días del año”. Noticia que impacto fuertemente al medio local, toda vez que TVN puso en marcha un canal de similares características con la participación de un periodista muy influyente como Alejandro Guillier que abandonó Chilevisión, para convertirse en el nuevo rostro ancla del informativo 24 horas que salió al aire recientemente a través de una señal de cable.

A cincuenta años de la llegada de la TV a nuestro país y a un paso del bicentenario, está claro que el debate sobre la TV que queremos, es un tema que ocupará un lugar significativo en la agenda política de los próximos meses.

Seguramente, nuestra democracia será mejor cuando el mundo de la política y el medio televisivo logren construir una relación cotidiana que permita optimizar la calidad de los mensajes que masivamente la TV ingresa todos los días a los hogares chilenos. La creación de la TV ha sido un progreso para la humanidad, de eso no cabe duda alguna, pero ella debe seguir perfeccionándose para contribuir a tener una ciudadanía mejor informada y una mejor democracia.

Artículo publicado en blog de Alejandro Führer.

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