Es que no hay mujeres

Publicado : 28 Julio, 2014 en Columnas Chile 21, Igualdad de género, Javiera Arce

|por Javiera Arce|


Esa ha sido la respuesta constante a la obligatoriedad de inscribir el 40% de mujeres en la lista nacional de cada partido que contempla la reforma al sistema electoral binominal por parte de algunos parlamentarios. Las reacciones suben de tono cuando se les plantea la necesidad de redireccionar este 40% obligatorio de candidatas mujeres al distrito/circunscripción: “Es que definitivamente no hay mujeres candidatas, y lo único que podemos ofrecer son mayores incentivos económicos para ellas”.

El Servicio Electoral gracias a su sección de estudios nos permite obtener datos decidores sobre la militancia empadronada de los partidos políticos. Al 2010, las mujeres superaban ampliamente el 51% promedio de militancia del sistema de partidos chileno, siendo la UDI el partido que contaba con la mayor cantidad de mujeres, llegando prácticamente al 60%, le sigue RN con un 52%, por su parte los partidos de la Nueva Mayoría superan generosamente el 40% de mujeres en sus padrones, por lo que no debería existir problema alguno en la inscripción de candidaturas, ¿o sí?

Si ponemos nuestro énfasis en las élites partidarias, la frase del dicho al hecho queda en evidencia. El partido que posee más mujeres en su mesa directiva es el PPD (36%), le sigue la DC (27%), y el PS (23%). Paradójicamente los partidos de la centro-derecha que tienen la mayor cantidad de mujeres en sus padrones electorales, poseen la presencia más baja de éstas en las élites de los partidos la UDI y RN con un 11%, ni hablar del PC y el PRSD (7%).

¿Y sobre ser candidatas? Los procesos de nominación de candidaturas son los altamente complejos y poco democráticos, en que se imponen las máquinas partidarias y las lógicas internas poco transparentes y excluyentes (sobre todo, los sesgos de género). Por lo que no da lo mismo la exigencia del 40% por distrito que por lista de partido. A lo que se apunta con esta indicación, es a evitar la verticalidad en el proceso de nominación de candidaturas. Esa verticalidad que termina por imponer candidaturas desde arriba, sin dejar espacio a las regiones para proponer sus candidatos y candidatas. Algunas personas piensan que pasará todo lo contrario, pues para “cumplir con la cuota” se potenciará la nominación de mujeres. Todo lo contrario, existe la alta probabilidad de que, para “cumplir con la cuota”, se nomine a mujeres a distritos poco competitivos, literalmente para dejarlas morir en el proceso. Pero para atenuar este tipo de comportamientos, fue pensado el incentivo económico, a modo de estimular a los partidos para introducir candidaturas competitivas. En algunos países, la experiencia ha demostrado que los partidos prefieren perder estos incentivos, y mantener las cosas tal cual están, por lo que se debe apuntar a materias propias de ingeniería electoral.

Las cuotas tienen por objetivo precisamente alterar las prácticas de los conglomerados, específicamente las malas prácticas en procesos de nominación de candidaturas, a modo de alentar (forzar), a las élites partidarias a reconocer la existencia de sesgos y por supuesto considerar nuevas formas de reclutamiento político (Krook, 2006). Es así como las diputadas Clemira Pacheco y Marcela Sabat, han impulsado indicaciones orientadas por una parte a criterios de conformación de la lista, para evitar ser “acompañamientos” en la competencia política, y la segunda a reinvertir los incentivos al resultado en capacitación y reclutamiento de mujeres para ser candidatas.

Nos encontramos en días claves de la discusión de esta reforma en la Cámara de Diputados. Es de esperar que la discusión no sólo se centre en los incentivos económicos, que son absolutamente relevantes y necesarios (hay problemas graves de financiamiento de las campañas de las mujeres), sino también se oriente la discusión precisamente a modificar las malas prácticas que vulneran los derechos de participación de las mujeres en el sistema político actual, y así evitar la invisibilización de la enorme cantidad de mujeres que existen al interior de las estructuras partidarias, y desnaturalizar desafortunadas frases como “es que no hay mujeres”.