De consensos, conflictos y acuerdos

Publicado : 17 Julio, 2014 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


El acuerdo entre algunos parlamentarios de la Nueva Mayoría y de la Alianza ha dado para todo tipo de análisis esta semana, que van desde quienes –los menos desde el oficialismo- aplauden la negociación, hasta aquellos que enarbolan diagnósticos nefastos respecto al fin de la promesa del “nuevo ciclo”, el regreso de la vieja Concertación, la vuelta de la democracia de “consensos”, la elitización de la política y varias otras interpretaciones. Ante la cantidad de exégesis sobre el tema, quisiera relevar algunos puntos que me parecen importantes en relación a las causas y consecuencias de este acuerdo.

Parto con una pregunta elemental: ¿había otra manera de viabilizar el debate de la reforma tributaria que no fuera llegar a consenso con la derecha? Creo que la respuesta es no, y esto por dos razones. La primera de ellas es interna al oficialismo y tiene que ver con un problema que ya se advertía durante la campaña y en la instalación del gobierno: que la Nueva Mayoría tiene grandes acuerdos respecto al “qué” de las reformas propuestas, pero no al “cómo” estas se llevarán adelante. De hecho, en esta, que era una de las reformas que tenía mayor consenso y trabajo previo dentro de la coalición, aparecieron al poco andar las críticas y las diferencias de forma entre sectores más moderados respecto a las reformas y sectores progresistas. Por cierto, en este marco de desacuerdo era fácil volver a la vieja práctica política de llevar adelante negociaciones relevantes a puertas cerradas y de espaldas a parte importante de la Nueva Mayoría. Esto es una señal inequívoca del déficit institucional de la coalición para procesar sus diferencias, demostrando la necesidad de moderar las cuentas alegres respecto al ejercicio de mayoría en ambas cámaras.

La segunda razón es externa a la Nueva Mayoría y tiene que ver con el poder que tienen aún ciertos sectores en Chile -fácticos le dicen algunos-, en este caso, el empresariado. Si bien hay que reconocer que existe un avance en la medida que varios de los representantes más importantes de este gremio, a diferencia de antaño, no se manifestaron en contra de la reforma en términos absolutos, sino que de algunos de los contenidos de la propuesta del gobierno, se produjo una evidente señal que leyeron y acogieron no sólo en la derecha, sino que también en el oficialismo, buscando evitar, además, que la totalidad de la reforma fuera impugnada producto del recurso que la derecha amenazaba interpondría ante el Tribunal Constitucional. En este cuadro, es probable que el cálculo haya sido optar por el mal menor, morigerando la reforma.

En cualquier caso, es más o menos evidente que si bien la Nueva Mayoría ganó en términos de viabilizar su primer cambio estructural, perdió en lo político, dejando una interrogante respecto a cómo se discutirá el contenido de las reformas en el oficialismo en adelante, asignatura pendiente si lo que se quiere construir es un pacto político y no sólo instrumental.