Superando la “lógica del salame”

Publicado : 09 Julio, 2014 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente – Directora Programa Calidad de la Política Fundación Chile 21|


Contra todo pronóstico, este gobierno ha logrado avanzar en la discusión de una vieja aspiración de la democracia chilena: la reforma al binominal. Ello ha sido posible tanto gracias a la acción decidida del ejecutivo, como a la apertura que ciertos sectores de la centro- derecha han tenido sobre el punto. Por cierto, en el actual escenario, a los parlamentarios de la Nueva Mayoría no les cabe más que aprobar la iniciativa, porque sería impresentable que un simple cálculo electoral mezquino termine socavando la posibilidad de cumplir, frente a la ciudadanía, una de las promesas de la democracia más largamente postergada.

Sin perjuicio de esto, el actual estado de las cosas pone alerta en la necesidad de avanzar también en una agenda integral de reformas que ayude a superar la vieja “lógica del salame”, es decir, ir de tajada en tajada sobre los cambios porque ello, en la práctica, ha demostrado ser bastante inocuo e insuficiente frente a la necesidad de dotar a nuestra democracia de mayores niveles de calidad. En efecto, si bien pueden ser iniciativas que en relación a los principios que sustentan son relevantes (como la ley de primarias o la inscripción automática y el voto voluntario, aprobadas en la administración anterior) su efecto sobre nuestro sistema político ha sido prácticamente nulo porque ¿cuánto ha mejorado la participación, la confianza en las instituciones o la satisfacción con nuestra democracia?.

En efecto, pareciera que para nuestra democracia ha llegado la hora de poner en la mesa debates que son sustantivos en relación no sólo a los procedimientos, sino que también a sus resultados. Por lo pronto, pensar en una reforma al binominal que no contemple una reforma a las estructuras partidarias o que no se haga cargo del financiamiento de la política, es relevante pero insuficiente, como lo es también seguir en la senda de mejorar los mecanismos representativos de la democracia, sin habilitar mecanismos de participación directa y mayor transparencia en el funcionamiento del Estado.

Por cierto, esto presenta una dificultad a la hora de enfrentar los debates en el Congreso, pero dependerá de la astucia del ejecutivo y del oficialismo generar una agenda que, de una vez por todas, allane el camino a los cambios.