Una nueva mayoría

Publicado : 27 Junio, 2014 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


Un programa ambicioso de reformas requiere de una gran mayoría social y política. No hay otra manera de vencer las resistencias de los conservadores. Estos son minoritarios, pero poderosos. Y han comenzado a demostrarlo estas semanas con su oposición a las reformas tributaria y educacional. Esta resistencia al cambio alcanzará su punto máximo al abrirse el debate constitucional.

La Nueva Mayoría que sustenta al gobierno representa un avance. Es positivo que el Partido Comunista haya roto la exclusión y asuma responsabilidades de gobierno. Lo mismo se puede decir de otras fuerzas de izquierda menores. Se trata de un esfuerzo importante, pero insuficiente. El objetivo de construir una nueva mayoría social y política tiene todavía un largo camino por recorrer.

La antigua Concertación se transformó en Nueva Mayoría en virtud de una consideración principalmente electoral. La posibilidad de ganar una elección detrás de Michelle Bachelet y volver al gobierno fue el factor, no único, pero sí decisivo. La construcción de la actual coalición tiene muy poco que ver con el complejo proceso que culminó en la antigua Concertación. No hubo en este caso ningún ejercicio de crítica y autocrítica ni una actualización programática antecedida de una reflexión profunda. De allí ciertos grados de improvisación en las políticas puestas en práctica una vez en el gobierno, y sobre todo la existencia de un conjunto muy amplio de controversias no resueltas. Así, frente a todas las cuestiones centrales planteadas por la Presidenta Bachelet surgen desde el interior de la coalición voces que expresan divergencias que no son marginales. Así está ocurriendo con la reforma tributaria, el aborto terapéutico y para qué decir con la reforma educacional.

Para avanzar bajo el fuego cruzado de los enemigos, pero también de los “amigos”, se requiere una acumulación mucho mayor de fuerzas. A la actual coalición de gobierno le faltan muchos y le sobran unos pocos. Faltan los movimientos sociales, que han sido los grandes impulsores de la actual agenda; faltan las fuerzas progresistas ubicadas fuera de la coalición, faltan sectores de la sociedad que miran la política con indiferencia y cuando no con desprecio y que representan la mitad de la población. Y sobran los conservadores que en verdad no creen en la necesidad de ninguna gran reforma, que las aceptaron en la campaña por conveniencia electoral, pero que ahora buscan por todos los medios detenerlas o desnaturalizarlas.

Los conservadores no tienen domicilio partidario único. Están por todas partes. No hay ningún partido que esté ajeno a su influencia. Son quintacolumnistas que no mueven mucha gente, pero sí grandes influencias.

La construcción de una gran fuerza no se rige por los principios de la agregación aritmética. Se necesita, por el contrario, de una suma vectorial, es decir, de fuerzas que empujen en la misma dirección de manera que no terminen anulándose, reproduciendo la dialéctica de los vetos cruzados que terminó en la parálisis de la antigua Concertación.