Fútbol, política y barbarie

Publicado : 19 Junio, 2014 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|Por Carlos Ominami|


Es sabido que el fútbol puede conducir a los peores excesos. Lo mejor y lo peor de jugadores e hinchas puede aflorar en cualquier momento. El extremo ha sido la guerra que tuvo como detonante el fútbol, ocurrida entre Honduras y El Salvador (1969).

La inauguración del Mundial en el Arena Corinthians mostró una cara fea del Brasil. Parafraseando a Lula, que en su momento dijo que “lo mejor de Brasil está en el pueblo brasileño”, Folha de Sao Paulo afirmó que ” lo peor de Brasil está en el pueblo brasileño”. Es cierto, San Pablo no es Brasil, pero es la principal ciudad.

En cuanto a movilización y protestas se sabía que las cosas no venían fáciles. Por eso, se resolvió que Dilma no hablara y que ni siquiera su nombre fuera anunciado por los parlantes del estadio. Su asiento estaba protegido lejos de la primera línea. Esto contrastó con la práctica habitual de los mundiales anteriores, en donde los Jefes de Estado no habían desaprovechado la oportunidad para pronunciar un florido discurso. Así ocurrió en Sudáfrica con el Presidente Jacob Zuma, sometido a fuertes críticas por corrupción.

Anticipando quizás los problemas, Lula -el gran impulsor de esta copa – optó por lo sano: se quedó en su casa a ver el partido por la TV.

No bastaron las precauciones. Apenas terminado el himno nacional vino la primera “rechifla”. Luego, la segunda. Luego, una tercera cuando el director de la transmisión no halló nada mejor que mostrar el rostro de Dilma celebrando el segundo gol. El grito de la “torcida” era violento y grosero: “ei Dilma: vai a tomar por el culo”. Y no obstante el triunfo de Brasil, la Presidenta fue despedida con una cuarta “rechifla”.

Insultada por una multitud, delante de una veintena de Mandatarios, Dilma soportó la situación con estoicismo. En su entorno se reconoce, sin embargo, que estaba muy afectada. Lo que ocurrió en el Arena Corinthians no se olvidará fácilmente . Fue una nueva expresión de la barbarie en un estadio de fútbol.

Por su parte, las reacciones iniciales de los dos principales candidatos de oposición fueron duras. “Esta sembrando lo que cosechó “, dijo uno de ellos, Daniel Campos, justificando la humillación.

El triunfo de Brasil no consiguió sepultar el bochorno. Al día siguiente, Dilma y Lula aparecieron en Bello Horizonte criticando el hecho. Dilma responsabilizó a la minoría acomodada que estaba en el estadio (el costo promedio de las entradas era 990 reales, unos $ 300 mil). Y como señora educada, calificó los insultos como “expresiones que no se pueden pronunciar delante de los niños o las familias”. Por su lado, Lula no se anduvo con chicas, catalogando a los manifestantes como “cretinos”.

Finalmente ocurrió lo que tenía que suceder. El pueblo brasileño se prendió con el fútbol. Ya no habrán grandes manifestaciones, al menos, mientras Brasil continúe su camino a la final. A lo mejor se registran algunas pequeñas, y por eso mismo, quizás violentas. En todo caso, los dispositivos de seguridad son impresionantes. Si la policía no es suficientemente disuasiva, el Ejército está también en la calle. Y con él no se juega.

La campaña retornará con fuerza luego de la final del 13 de julio. El sábado 14 de junio fue proclamado Aecio Neves, el hasta ahora principal contrincante. El 21 de junio será el turno de Dilma Rousseff en Brasilia.

Es una exageración afirmar que el resultado de la presidencial depende de la performances del “Scratch” en este Mundial. Pero, es evidente que los resultados tendrán alguna influencia en lo que ocurra el 5 de octubre, día de la primera vuelta presidencial. Si Brasil gana, se le facilitan las cosas a Dilma. Si Brasil no llega a la final o la pierde, Dilma tendrá que agregar un nuevo elemento a considerar en su decisión definitiva de si ir a la elección, dejando a Lula en la banca. Una eventual derrota en esa condiciones sería una debacle para ella y el PT, que gobierna Brasil desde ya 12 años. Esto sería equivalente a que Brasil perdiera la final del Mundial habiendo dejado a Neymar en la banca o que Argentina, en una demostración de suficiencia, se hubiese permitido dejar a Messi como espectador.