Agenda de los 100 días: un nuevo sentido de urgencia

Publicado : 17 Junio, 2014 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


Es evidente que en esta etapa política las demandas de la sociedad han adquirido un sentido de urgencia inédito, por lo que haber pensado una agenda para los 100 primeros días –pese al riesgo que ello significaba- fue una decisión correcta, porque le dio al Poder Ejecutivo la posibilidad de acelerar el paso y marcar una hoja de ruta. De hecho, la mejor señal de que se avanza es que sectores conservadores ocupen la excusa de la “falta de diálogo”en las medidas impulsada por el gobierno, porque hay sectores que entienden el diálogo en la lógica del empate o el veto de las minorías y acusan de “frenesí” cuando temas que estaban postergados en la agenda pública, se transforman en debates abiertos en la sociedad.

En materia de balance, es posible observar un alto nivel de cumplimiento en las medidas, porque a pocos días que se verifique el plazo estamos sobre el 80%. No obstante, hay que considerar que varias de estas medidas, para ser implementadas en su totalidad, requieren la aprobación en el Congreso Nacional, como en el caso de la reforma tributaria, o que se tomen las medidas de política pública adecuadas, como se espera a partir de los resultados del equipo de expertos para estudiar la reforma al sistema de pensiones.

Desde los aspectos positivos, destaca tanto el aporte familiar permanente en marzo, que es más que un bono, como la reposición a la pensión básica solidaria a las personas de la tercera edad, quienes perdieron este derecho en la administración anterior. Otro de los aspectos positivos es el impulso de la reforma tributaria, porque más allá del debate respecto de las distintas fuentes de financiamiento que contempla esta ley, es un avance que en Chile hoy nadie discuta la necesidad de recaudar tres puntos del PIB con un afán redistributivo en materia de política pública. Nuestra memoria es frágil, pero hay que recordar que apenas hace algunos años plantear esto era imposible.

También es posible observar aspectos menos felices que tienen que ver con las oportunidades desaprovechadas. En efecto, la agenda planteaba la posibilidad de dar luces en materia constitucional a través, por ejemplo, de la creación de una comisión de expertos que mirara la experiencia internacional y estableciera alternativas para el proceso. Si iniciativas similares han ocurrido en el ámbito previsional, de salud y descentralización, cuesta entender que no se cree un espacio de debate transversal en un aspecto clave como la carta fundamental, y más aún, que este se deje para el 2015. Ello habría colaborado en hacer realidad la promesa que el debate constitucional sea una cuestión participativa, donde los ciudadanos fueran invitados a deliberar y pronunciarse. Otro aspecto al debe en esta agenda es la forma de abordar el debate en materia de educación, porque si bien los proyectos enviados al Congreso son relevantes (fin al lucro, fin de la selección e institucionalidad parvularia), habría sido una señal importante para un gobierno que ha puesto el acento en materia de igualdad, partir con uno de los principales focos de segregación que en nuestro sistema escolar está especialmente circunscrito al estado lamentable en que se encuentra nuestra educación pública.

No obstante, lo que ha quedado claro con la discusión de algunos aspectos de esta agenda, pero también con otros debates abiertos, es un aspecto medular: que para el éxito del gobierno no basta sólo con la acción decidida del Ejecutivo, sino que también depende de la capacidad de la coalición de gobierno de procesar sus diferencias y ponerse tras el programa que apoyaron. En otras palabras, sigue siendo una interrogante el tonelaje que tendrá la Nueva Mayoría de consolidarse como una coalición política, por ejemplo, generando capacidad de debate, pero también apoyando la agenda del Ejecutivo en el Congreso o, en otras palabras, encontrar el justo equilibrio entre el “fuego amigo” y la obsecuencia.