Sugerencia a Eyzaguirre

Publicado : 13 Junio, 2014 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


La REFORMA educacional será el principal terreno de batalla de la política chilena. Aunque las fuerzas de oposición y también algunas de la coalición de gobierno tratarán de introducirle modificaciones, la reforma tributaria se aprobará con su corazón más bien intacto.

La reforma educacional es infinitamente más compleja. En rigor, no es un cambio puramente sectorial. Muchas de las cuestiones planteadas tienen que ver con proyectos de sociedad. De ahí las pasiones que esta reforma desata.

Tiene toda la razón el gobierno cuando busca terminar con la selección, el lucro y el copago. La educación debe ser un derecho y no un negocio. Hay que desmontar los mecanismos de mercado que constituyen en la actualidad los principales organizadores de la educación chilena. Se trata, en verdad, de instrumentos completamente inadecuados para producir calidad en educación.

No obstante todas las explicaciones entregadas por el ministro Eyzaguirre, las aguas se han agitado. Con razones buenas y malas, producto de intereses o desconfianzas, son muchos los sectores que han manifestado rechazo y múltiples aprensiones. Así, pueden terminar, por un lado, convergiendo representantes de los sostenedores, padres, apoderados y alumnos de la educación particular subvencionada, sectores de la Iglesia Católica, la oposición política y dirigentes importantes de la Democracia Cristiana. Por otro lado, están los estudiantes, gran cantidad de parlamentarios, fuerzas progresistas, la masonería y, hecho grave, se acaba de anunciar que el Colegio de Profesores convoca a un paro nacional para el próximo 25 de julio.

Se trata de una conjunción de fuerzas extraordinariamente heterogénea. Una reforma educacional lesiona intereses poderosos. Es normal que éstos reaccionen. El problema es cuando a esos intereses se suma el fuego amigo, cuando quienes debieran ser aliados se ponen al frente para controvertir. Una situación de este tipo puede llevar al naufragio de la reforma.

El gobierno debiera escuchar la voz de amplios sectores que plantean algo que finalmente es de sentido común: comenzar por el principio, esto es, partir reforzando la educación pública. Aquí hay que concentrar el grueso de los recursos. Para acabar con el lucro en la educación hay que comenzar demostrando -en la práctica- que una educación pública de calidad y gratuita es posible. Hay que terminar a toda costa con la hemorragia de estudiantes desde la educación municipalizada a la particular subvencionada. La secuencia que definió el ministerio arriesga con producir un resultado exactamente contrario: todavía más alumnos abandonando la educación pública.

En los últimos días todos los sectores han coincidido en la necesidad de una iniciativa que apunte a mejorar la educación pública. Es probable que algunas de esas declaraciones no sean sinceras. No importa, han sido hechas. El gobierno puede cobrarles la palabra pidiendo apoyo para un proyecto que vaya en esa dirección.

La sugerencia no implica una revisión de los contenidos de la reforma. Se trata simplemente de encontrar un orden lógico que ayude a sumar fuerzas a la gran tarea de reformar la educación chilena.