La ruidosa agenda de género 2014-2017: tensiones y desafíos

Publicado : 09 Junio, 2014 en Columnas Chile 21, Igualdad de género, Javiera Arce

|por Javiera Arce|


El anuncio del pasado 21 de mayo durante el discurso de la Presidenta Bachelet en su cuenta pública anual, dejó más de alguna cara poco feliz, al referirse a la interrupción voluntaria del embarazo por tres causales: peligro de vida del feto, de la madre o violación. Sin embargo, es importante recordar que dicho proyecto de ley se enmarca en una batería de reformas orientadas a modificar la situación de las mujeres chilenas.

Para nadie es novedad. Existen fuertes discriminaciones tanto en el ámbito laboral, así como también en el ámbito social, político y económico contra las mujeres. Hay una estructura no sólo relacionada con los órganos de representación política sino también estatal, que refleja las asimetrías tanto en presencia de mujeres en cargos claves de dirigencia política y en las altas estructuras del Estado, así como también la ausencia permanente y sistemática de mujeres en materia de diseño de política pública, en particular en áreas excesivamente especializadas, como el transporte, la economía, la hacienda, sistemas carcelarios, seguridad pública, entre otras.

Sobre este escenario, el gobierno actual ha decidido generar una agenda específica de género, que en sus tres anuncios no ha dejado de llamar la atención. En una primera parte anunció la creación del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, cuyo objetivo es avanzar hacia la formalización del SERNAM actual, y su modernización institucional, teniendo como factores clave la transversalización e intersectorialidad de género en las políticas públicas, para buscar terminar de una vez por todas con la lógica unitaria/masculina del diseño de las políticas públicas en Chile.

En segundo lugar, se anunció la introducción de la paridad flexible en el marco de la reforma al sistema electoral binominal, en que ninguno de los dos sexos podrá superar el 60% del total de una lista de candidatos/as por partido al Congreso Nacional. Asimismo, dicho proyecto contempla la generación de un subsidio al resultado, de hasta 500 UF por mujer que resulte electa, a modo de incentivar la elegibilidad de las mujeres.

¿Qué hay detrás de estos anuncios y estas reformas? Primero: terminar con la lógica unisexual en la sociedad chilena. La sociedad, la economía y la política poseen componentes diversos, pero su desarrollo ha estado marcado por un imperialismo cultural masculinizante, que ha impedido la expresión de esta lógica binaria, generando espacios de justicia mediante el reconocimiento de la diversidad. Segundo: reconocer las condiciones de discriminación de las mujeres y trabajar en ello. Tercero: incrementar los niveles de participación de las mujeres, para superar su escasa presencia en los organismos de representación formal. Cuarto: profundizar su autonomía y autodeterminación.

Ante cada uno de estos proyectos las reacciones han sido, por decir lo menos, insólitas. Por ejemplo, la derecha ha tanteado las opciones de incluir a la familia en el nuevo Ministerio de la Mujer, y cambiarle el apellido equidad de género por el Ministerio de la Mujer y la Familia. Ligando directamente la condición de ser mujer con la reproducción y la familia. En cuanto a la reforma electoral, ha impulsado con fuerza la posibilidad de introducir la lógica de distritos uninominales, y así evitar el pluralismo en la competencia política. En teoría de sistemas electorales, dicha disposición es la que más perjudica a la representación femenina. Es evidente que estas temáticas a un sector importante de quienes toman decisiones no le interesa.

Más allá de la condición propia de la reproducción en el caso de las mujeres, la identidad de género trasciende los límites de ello, y ser mujer es mucho más que prestar el cuerpo, o ser una fábrica de reproducción de niños/as. Las mujeres son diversas, y deben ser reconocidas bajo ese prisma. La modernidad ha traído nuevas formas de reconocimiento en torno a la condición sexual de cada persona, por lo que como mínimo el Estado debe considerar una lógica binaria del desarrollo de su sociedad, y más aún en el diseño y ejecución de sus políticas públicas.

La representación política, profundamente acostumbrada a la ausencia de mujeres, en esta agenda será crucial, debido a que, pese a que las mujeres son la mayoría social, sólo 19 diputadas de 120 podrán tener acceso a discutir temas propios de las mujeres. En ese sentido, es posible concluir que los derechos políticos de las mujeres han sido y siguen siendo vulnerados constantemente bajo esta institucionalidad, en que tenemos derecho a elegir, pero no a ser elegidas.

La agenda de género impulsada por la Presidenta Bachelet, no es nada del otro mundo. Es más, es bastante modesta y conservadora en relación a los países del primer mundo, con quienes tanto nos gusta compararnos. Sin embargo, seguirá generando más ruido incluso que la reforma educacional y tributaria, pues el proyecto de nueva Constitución contiene articulados legales específicos orientados a profundizar la autonomía de las mujeres, generando la base de una futura profundización de esta agenda de género.

Es de esperar que la población posea un mayor sentido común que las élites políticas, y logre reconocerse en esta nueva agenda, en particular las mujeres. Lo interesante de este proceso de politización de las temáticas femeninas es que se logran visibilizar quienes están trabajando por mayor inclusión y libertad, y quienes realmente se la juegan por mantener y profundizar el statu quo, con el objetivo de que las mujeres no avancen ni se desenvuelvan en los tiempos actuales.