¿La reforma disminuiría la inversión? Un argumento sin sustento

Publicado : 06 Junio, 2014 en Columnas Chile 21, Gonzalo Martner

|por Gonzalo Martner|


Desde 1990 se viene desenvolviendo una disputa no resuelta sobre los tributos en Chile. Hoy la carga tributaria es la misma que en 1987. A pesar de diversas reformas, ha seguido prevaleciendo la tesis de mantenerla baja y disminuir el peso y la progresividad de los impuestos directos (los que se aplican a los ingresos) en favor de los impuestos indirectos planos (los que se aplican a las ventas).

Según la visión ortodoxa, se producirían así menos “distorsiones y pérdida de eficiencia” en la asignación de recursos. Otros economistas sostienen que esas distorsiones son de baja significación y, en cambio, que la baja tributación implica que deja de invertirse lo necesario en infraestructuras, educación y tecnologías y, por tanto, se afecta el crecimiento.

Peter Diamond –Premio Nobel de Economía en 2010– y Emmanuel Saez (en Journal of Economic Perspectives, 2011, 25:4) insisten, por ejemplo, en que los ingresos muy altos debieran estar sujetos a tasas marginales de impuesto crecientes, parecidos a los existentes en los años sesenta (70%). Sostienen, además, que los ingresos de capital pueden ser objeto de una tributación significativa sin que esto provoque disminuciones relevantes de la inversión (actualmente, el que se aplica a las utilidades es de 35% en Estados Unidos, sustancialmente más alto que el 20% de Chile y no constituye crédito del impuesto a la renta). Ningún estudio ha demostrado que los ricos trabajen o inviertan menos cuando los impuestos que los afectan son importantes (Emmanuel Saez, Joel Semrod, Seth Giertz, en Journal of Economic Literature, 2011, 49:1).

Los ingresos tributarios son inequitativos y bajos en Chile y equivalen a un promedio de 17% del PIB en el último quinquenio (a lo que cabe agregar entre un 1,8% a 5,7% de ingresos por cobre, según los años), contra un promedio de 34% en la OCDE en 2011 (cuyos rangos van desde un 24% en EE.UU., 26% en Corea, 27% en Australia, 28% en Irlanda, entre los de más baja carga, hasta un 42% en Francia y Finlandia, 44% en Bélgica y Suecia y 48% en Dinamarca, entre los de más alta carga). La carga chilena es además mucho menor que la de diversos de estos países cuando tenían un PIB por habitante similar al nuestro. Los tributos siempre han reflejado las opciones de la sociedad por más o menos bienes públicos y no son una variable “técnica” asociada a un nivel de PIB por habitante determinado.

La reforma tributaria chilena en curso de discusión tiene una meta recaudatoria de 3% del PIB, que nos pondría todavía muy lejos de la media OCDE. Esta meta se descompone en 2,5% del PIB proveniente de cambios a la estructura tributaria y 0,5% del PIB de medidas que reducen la evasión y la elusión. Se propone elevar la tasa del impuesto a las utilidades de las empresas de 20% a 25%, el que seguiría operando como un anticipo de los impuestos personales. Los dueños de las empresas deberían tributar por la totalidad de las utilidades y no sólo sobre las que retiran. Esta medida terminaría con el actual mecanismo del Fondo de Utilidades Tributables (FUT).

Esto estaría acompañado por la reducción de la tasa máxima de los impuestos personales del 40% actual a un 35% (lo que va en sentido contrario de aumentar la progresividad y es una de las contradicciones de la reforma) y también de un mecanismo de depreciación instantánea: las empresas podrían descontar íntegramente de las utilidades la inversión total del año en curso. Todo esto se aplicaría al cabo de cuatro años, cuando el actual gobierno ya no gobierne. Convengamos que es extraño que se legisle para gobiernos futuros, aunque es muy positivo que el 10% más rico aumente en régimen del 10% al 24% la tributación de sus ingresos una vez que las utilidades de las empresas empiecen a gravarse en base devengada.

Pero nuestro problema de inequidad principal es con el 1% más rico (unas 170.000 personas), que se apropia del orden de 30% del ingreso total; es decir, más que en cualquier otra parte del mundo, incluida Sudáfrica, según el estudio La parte del león: Nuevas estimaciones de la participación de los súper ricos en el ingreso de Chile, de Ramón López, Eugenio Figueroa y Pablo Gutiérrez de la Universidad de Chile, de 2013. Y con el 0,1% más rico (