La Generación 1313

Publicado : 03 Junio, 2014 en Portada, Prensa

|Por Sacha Alanoca|


Este artículo introduce a la Generación 1313, una generación que hoy tiene aproximadamente entre 18 y 25 años de edad y creció al mismo tiempo que las primeras redes sociales. Se trata de los desafíos ligados con estas plataformas, y al mismo tiempo, de su potencial democratizador para generar un diálogo cívico inclusivo y interregional.

Desde que llegué a Latinoamérica, a Chile primero, donde viví 6 meses y a Brasil ahora, nunca he visto una tal fascinación y a veces dependencia por las redes sociales. Es simple, las redes sociales y Facebook en primer lugar, se han convertido en nuestra carta de presentación virtual. Una pequeña o gran parte de nuestra intimidad que compartimos con los otros, como muestra de nuestra identidad. Este uso de las redes sociales no es ni bueno ni malo, pero traduce una realidad bien particular al continente Latinoamericano.

Latinoamérica es el continente que más se conecta a las redes sociales. Y en el caso Chileno, hoy en día, 91% de los jóvenes con más de 18 años y con acceso a internet, tienen una cuenta Facebook.

Sin embargo, tengo la impresión que la implantación de las redes sociales en Chile es mucho más antigua que eso. Vine a Chile por primera vez sola cuando tenía 14 años, en 2006, para pasar el verano con mi familia en Arica. En estos tiempos, no había Facebook o Twitter pero luego me quede sorprendida de ver cuantas horas mis primas pasaban en Messenger. En Europa, nunca me había realmente atraído este tipo de chat, pero cuando veía a mis primas, tenía la impresión que me perdía algo si no hacía lo mismo.

Pasaban tanto tiempo en Messenger que habían adoptado sus códigos de lenguaje, los cuales se incorporaban perfectamente dentro de la jerga chilena. Empecé a escuchar mucho el “1313” entre los chiquillos de mi edad, sin comprender perfectamente a que se refería esta expresión curiosa. Al final, me di cuenta que utilizaban tanto la “cajita con cejas elevadas” que aparece cuando uno escribe en Messenger “1313”, que se había vuelto un modismo… Un código secreto ligando una generación que iba a crecer dentro y con las redes sociales.

El mundo tiene su Generación 2.0, pero Chile tiene su Generación 1313 en la cual todavía cualquier chiquill@ de mi edad puede reconocerse.

En un país tan largo como Chile, tan centralizado y donde falta conciencia ciudadana especialmente dentro de los jóvenes, este uso de las redes sociales podría en teoría generar un gran diálogo ciudadano. No tenemos cifras exactas sobre la participación electoral de los jóvenes en las últimas elecciones, pero sabemos según La Tercera que solamente el 29% de los inscritos en las nuevas mesas fueron a votar en la primera vueltaii. Eso quiere decir que las cifras más optimistas indican que menos de un tercio de los jóvenes de la Generación 1313 participaron en las últimas elecciones.

Sin embargo, Chile hoy se destaca por el alto nivel de inserción de las redes sociales de su población, índice que llega al 79%, cerca de Brasil que tiene el uso más alto del mundo con 81%. Para la comparación, el promedio mundial es de 68% y en Francia, donde crecí, solamente 57% de la población está conectada en las redesiii. Tales cifras destacan el gran potencial que Chile tiene para desarrollar un diálogo cívico a través de las redes sociales: en teoría, aparece que el chileno de Arica hasta Punta Arenas que antes se sentía aislado o marginado, dispone hoy día de una plataforma virtual para vincular opiniones, cambiar comportamientos y hacer demandas bien reales.

Pero la teoría se distingue de la práctica, y como me lo señaló Enzo Abbagliati, director del Quinto Poder, “en las redes sociales, hay burbujas”. No hay excepción en el caso de la Generación 1313. Cuando una generación está involucrada en las redes sociales, el vínculo siempre se hace a través de factores comunes (académicos, interés, localización, familia, etc.). Detrás de la pantalla, hay una elitización de las redes sociales ,donde uno tiene la superficial impresión de abertura de círculos y de opiniones, pero en verdad es la reproducción de la estratificación social del país.

Y uno de los mayores desafíos ligado con esta elitización, es que no todos los jóvenes van a recibir el mismo nivel de información “buena vs mala” en su pantalla, o saber como filtrarla.

Un factor siempre visto como positivo con el desarrollo de internet y de las redes sociales es la democratización del acceso a la información. Cada día, un “tsunami de información” cae en nuestras pantallas y uno puede reaccionar en vivo a lo que está pasando al otro lado del mundo, tal como detrás de su puerta.

Pero la pregunta en frente de este “tsunami de noticias” es: ¿cómo distinguir la información de calidad de la chatarra? ¿Quiénes son los de la Generación 1313 que (no) tienen las herramientas para cumplir eso?

El problema de cómo filtrar las informaciones transmitidas por las redes sociales está reforzado con dos factores. Primero, por el hecho que las redes sociales son consideradas hoy día como el canal más utilizado por los chilenos para informarsei. Y segundo, porque Chile sigue con una de las más fuertes tasas de desigualdad de los países del OCDE, y con el segundo sistema universitario más caro de este mismo conjunto de países, sin por eso disponer de la misma calidad de educaciónii. Cuando uno habla de pobreza de ingreso, eso es casi siempre sinónimo de pobreza de información. Y infelizmente, eso es muy cierto en el caso chileno.

Enzo Abbagliati traduce este problema como una alfabetización informacional. Una situación precaria donde la gente no tiene la educación preliminar para hacer la diferencia entre buena y mala información. Y por supuesto, en mi opinión, eso influye gravemente no solo sobre la calidad del diálogo interactivo, sino también sobre la vulnerabilidad de un gran segmento de jóvenes de caer en una cierta manipulación de ideas, especialmente durante momentos electorales claves. Una idea que todavía no fue suficientemente explotada es la difusión de campañas de educación cívica a través de las redes sociales, en conjunto con una prevención de los riesgos ligados a tales plataformas.

Estamos al inicio de un nuevo capítulo virtual, donde la Generación 1313 es la primera en crecer dentro y con las redes sociales. Todavía no sabemos exactamente quien está detrás de la pantalla y a veces, me choca bastante cuanto algunos de mis amigos divulgan su intimidad. En esta generación, donde Facebook se convirtió en la carta de presentación de uno mismo, ¿hasta dónde uno esta dispuesto a divulgar de si mismo para volver lo más atractivo posible su espejo virtual? El problema para la Generación 1313 no es solamente cómo filtrar las informaciones recibidas, sino cómo filtrar lo que uno está dispuesto a entregar a los otros.

Tal vez deberían preguntarse: ¿Quién está detrás de la pantalla? ¿Podemos confiar un producto que es gratuito (como es el caso por las redes sociales más populares: Facebook, Twitter, Instagram, etc.)? Sin dramatizar pero considerando lúcidamente, en un sistema mercantil global donde todo se paga y tiene un costo, si un producto es gratuito, es probable que usted es el producto.

Así que el desafío es triple: 1) Cómo entregar a la Generación 1313 las herramientas para poder filtrar las informaciones “buenas” de las “chatarras”; 2) Cómo prevenir los riesgos de brecha de confidencialidad digital y saber cuáles informaciones uno puede divulgar o no; 3) Cómo generar un diálogo virtual inclusivo, inter-generacional y regional, que lleva a cabo cambios concretos en el escenario socio-político del país.

Frente a estos desafíos, es necesario inspirarse de los jóvenes recién llegados al Congreso, que hacen parte integrante de la Generación 1313 y consiguieron acercar la política a los chilenos. Durante sus campañas parlamentarias a sus primeros pasos como diputados, Jackson, Boric y Mirosevic entre otros, utilizaron intensivamente las redes sociales para movilizar a los ciudadanos y, especialmente a los jóvenes, desde el debate digital hasta las urnas.

Conversando con Auska Ovando, jefa de comunicaciones de Giorgio Jackson durante su última campaña, describe que este éxito electoral se explica en parte a través del tono natural que tomaron en las redes sociales. Se siente que la juventud chilena, tal como el apodo de Generación 1313 para caracterizarla, tiene su propia jerga y eso tiene que ser utilizado en las redes sociales. Porque, como añade Auska, en esta jerga reside algo unificador, de alianza y complicidad en cual la gente puede reconocerse. Y más que eso, lo que descubrieron es que este lenguaje es transversal y atrajo a gente de diferentes segmentos sociales y generacionales.

La política, lo cívico, deberían ser accesibles y transparentes, sin simplificar los mensajes, pero tampoco con una sobre-intelectualización de las demandas. Como describió Auska, se inventó algo nuevo durante esta campaña: “conversar así con la gente no se había hecho antes, pero el uso de estas herramientas era algo inevitable”.

¿Una gran innovación entonces? “Primera cosa: no es difícil ser innovador en las campañas en Chile”… Pero los nuevos diputados de la Generación 1313 consiguieron hacer eso, y abrieron un nuevo capítulo en el uso de las redes sociales en la arena política. Los políticos tradicionales tendrán que orientar significativamente sus discursos en este ámbito, y tomar en conciencia las demandas virtuales de la Generación 1313, y todas las próximas generaciones que siguen creciendo con las redes.