Debate público y democracia

Publicado : 30 Mayo, 2014 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


Las reacciones que hemos visto estos días a partir del anuncio presidencial de propiciar la legislación sobre el aborto en condiciones específicas en Chile, es una muestra más de como nuestra sociedad se ha transformado más aceleradamente de lo que algunas de las estructuras de poder más conservadoras en este país han estado dispuestas a asumir y que hasta ahora habían estado protegidas bajo la lógica de la clausura del debate público.

En efecto, producto de las propias condiciones en que se produjo la transición en Chile y del consecuente efecto sobre el comportamiento de los actores políticos marcados por este proceso, se consolidó la existencia e influencia de una primera minoría vigilante, guardiana del modelo heredado en sus aspectos políticos (la constitución, los partidos y el sistema electoral), económico (un modelo económico excesivamente abierto) y social (altamente desigual y conservador en materia valórica), cuyo resultado fue que durante más de veinte años muchos temas estuvieron excluidos de la agenda pública por el sólo hecho de ser percibidos como una amenaza a la gobernabilidad política y la paz social en nuestro país en esos sectores.

La mayoría, por su parte, que gobernó durante dos décadas en esas condiciones, primero se resignó a esta dinámica impuesta y luego sencillamente se acostumbró a relegar ciertos temas del debate.

Si en Chile existe un nuevo ciclo, probablemente este es su sello principal: que el gobierno de la Nueva Mayoría en Chile, encabezado por la Presidenta Bachelet, se ha propuesto ni más ni menos que dar un giro a la lógica de la transición y poner todos los temas en debate para impulsar las reformas que son parte constitutiva de su programa. Esto no es ni más ni menos que el ejercicio de una democracia plena.

Volviendo específicamente sobre el tema del aborto, es menester reconocer, además, que estos temas de debate están en plena sintonía con las aspiraciones de la ciudadanía y con la experiencia internacional en la materia. Así por ejemplo, en materia de aborto, la encuesta UDP del año 2013 muestra que el 68% de las personas están de acuerdo en despenalizar el aborto cuando el feto es inviable y el 61% cuando la mujer quedó embarazada producto de una violación, relación que se invierte ante la despenalización por otros motivos como económicos o decisión de los padres. A ello se agrega que Chile es uno de los pocos países del mundo que no sólo retrocedió en estas materias, porque el aborto era una posibilidad hasta el año 1989, sino que además, ha hecho eco de los sectores y movimientos que se arrogan ser “pro vida”, como si quienes estamos por el aborto en estas circunstancias fuéramos “pro muerte” y como si, además, no existiera un problema de salud pública asociado que son las miles de mujeres, especialmente de escasos recursos, que se realizan abortos en circunstancias inseguras y de amenaza para su vida porque no pueden concurrir a un servicio de salud a ser atendidas sin ser denunciadas por sus funcionarios. Ello es una muestra más de las inequidades de nuestro país.

Si hay algo que puede caracterizar este nuevo ciclo político en Chile es justamente dejar de esconder los debates y propiciar que la ciudadanía se exprese en plenitud en todo tipo de materias que le son de interés. Es sólo en estas circunstancias que la discusión pública, propia de democracias avanzadas, puede colaborar en darle mayor densidad a nuestro sistema político.