Los dos primeros meses de Bachelet

Publicado : 15 Mayo, 2014 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|


EL GOBIERNO de Piñera dejó pendientes grandes problemas que aquejan a la ciudadanía; fue el alto precio de soslayar los asuntos difíciles. Ello contrasta con la nueva administración: con rapidez, pero con esmero, la Presidenta ha enviado al Congreso la reforma tributaria, una de las tres medidas emblemáticas con que se comprometió en su campaña. Al mismo tiempo, ha anunciado la elaboración de una propuesta en materia energética, de la mano de una iniciativa fundamental: convocar a un gran diálogo nacional como base de la elaboración de las proposiciones en este campo. En lo educacional, está en marcha un diálogo que involucra a todos los interesados, a veces difícil y lleno de las tensiones propias de un ámbito en que se juegan grandes visiones del mundo, en que confluyen intereses poderosos y donde se debate el devenir futuro del país. También se ha anunciado el pronto envío del proyecto de ley que crea la AFP estatal y se han instalado las comisiones presidenciales para la reforma previsional y de la salud.

La discusión nacional se ha visto enriquecida con nuevas miradas. La agenda pública está agitada, plena de discusiones sobre los temas de fondo. Muchos sectores políticos se interrogan respecto de sus posiciones fundamentales. Un alto dirigente de la UDI critica la selección en la educación y la falta de “empatía social” de la derecha. Este sector parece aún no recuperarse de su estruendosa derrota y denota la tensión entre la nueva derecha, que no termina de nacer, y la nostálgica, que no termina de ser desplazada. Por su parte, el ala conservadora de la antigua Concertación se ha agrupado bajo un inquietante nombre: Fuerza Pública, que reivindica un modo elitista de hacer política, que se ha debilitado tras finalizar la transición a la democracia y adquirir ésta nuevos bríos. En ese marco, la Nueva Mayoría evidencia, parece, una capacidad notable para reinventarse como una fuerza de cambio, y los movimientos sociales siguen siendo una referencia de la vida política del país.

Al contrario del pasado, el gobierno ha mostrado capacidad de conducción gubernamental y alto involucramiento en la gestión de la Nueva Mayoría, lo que permite un manejo adecuado de las naturales diferencias en períodos de cambio. En contraposición con el gobierno de Piñera, que ante su incapacidad para abordar los grandes temas del país acudía al “relato”, la actual administración busca operar según la enseñanza bíblica que dice “por sus hechos los conoceréis”.

En la conducción política cotidiana, la figura del ministro del Interior ha dado la talla. El ministro de Hacienda emerge como principal responsable de cruciales reformas y algunos se preguntan si la Segpres ha perdido la relevancia que había recuperado bajo Piñera.

Luego de dos meses, existe un gran apoyo a las reformas. No obstante, parece indispensable que la Presidenta use más su inmenso caudal político para explicar a la ciudadanía el sentido de las reformas; de lo contrario, se arriesga la entronización de un déficit de la comunicación, pero no entendida como declaraciones o intervenciones de prensa, sino como diálogo, como comunicación permanente del gobierno con la ciudadanía.