La DC, la coalición y el gobierno

Publicado : 09 Mayo, 2014 en Portada, Prensa

|por Gloria de la Fuente|


Sorpresa e incluso molestia ha causado en algunos las voces disidentes que comienzan a aparecer en la Democracia Cristiana respecto a algunas iniciativas consideradas emblemáticas o relevantes para el gobierno, al punto que el partido decidió convocar de forma extraordinaria a un consejo nacional para el próximo fin de semana para abordar de manera más nítida la posición del partido respecto a las reformas tributaria y binominal.

Lo primero que creo relevante destacar es que un partido político cumpla su labor, por cuanto es importante que la lealtad no se confunda con obsecuencia y, en este sentido, la DC ha hecho el trabajo de discutir de forma interna aquellos puntos del programa, que si bien suscribieron en general, puede tener matices a la hora de enfrentar la “ingeniería de detalles”. Para ello cada institución partidaria tiene sus instancias y debe hacer uso de ellas por respeto a sus militantes. Por lo tanto, lo relevante no es que existan voces disidentes al interior de un partido o que incluso ellas se expresen públicamente desde la mesa directiva, sino que sea la coalición política en su conjunto la que sea capaz de procesar los disensos.

En efecto, es preciso considerar que la Nueva Mayoría es un hecho inédito en Chile, porque abarca a un conjunto de entidades políticas muy diversas que van desde el Partido Comunista a la Democracia Cristiana, de raíces históricas y posiciones políticas que en muchos casos han sido contradictorias. Esta coalición tiene una tremenda virtud, porque en la diversidad tuvo la voluntad de encontrarse tras un programa y un liderazgo común, proponiendo al país una agenda de reformas estructurales que hoy por hoy requiere grandes esfuerzos de conducción para poder llegar a destino. Lo que está en juego en este proceso- y eso lo comprende el conjunto de los actores políticos y sociales en Chile- , es un nuevo proyecto de sociedad.

En este sentido, creo que las diferencias públicas que comienza a evidenciar la DC en aspectos del programa y la conducción de la agenda del gobierno son, en realidad, un síntoma de un problema que requiere con urgencia resolver la coalición en su conjunto y esta, a su vez, en la relación con el gobierno. Se trata ni más ni menos que de avanzar a la creación de instancias de trabajo de coalición que vayan más allá de lo que actualmente existe como coordinación de las mesas de los partidos y de unidad en las vocerías, porque lo que se requiere es espacios de debate común, lugares para procesar divergencias y generar lugares de toma de decisiones que permitan avanzar de mejor manera en acuerdos, sin que ello signifique que cada partido político y eventualmente, movimiento que adhiera a la coalición, pierda su identidad. Más de alguien leerá en esto algo parecido a lo que ha sido la experiencia del Frente Amplio en Uruguay y sí, creo que es preciso mirar con mayor interés lo que ello ha significado para ese país desde la década del ’70.

La ecuación no es fácil, porque implica en primera instancia impulsar una reforma a los partidos que los haga más modernos y cercanos a la ciudadanía, lo que supone un cambio de agenda y una renovación de sus estructuras. Luego, esto implica también generar instancias supra partidarias, hasta ahora inexistentes, de debate y decisión, más que simplemente de coordinación. Por último, y esto no es menor, requiere además la voluntad del Ejecutivo de impulsar un proceso de renovación como este. Si hay una deuda de la antigua Concertación con sus partidos y coalición, fue la pesadez de su estructura y de su manera de hacer las cosas, que le generó enormes dificultades, hasta la derrota el 2010, para renovarse. Que la Nueva Mayoría tenga la posibilidad de persistir en el tiempo, requiere también de ser capaces de mirarse a sí misma más allá de un periodo en el gobierno.