Mitos y reforma tributaria

Publicado : 01 Abril, 2014 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|


Se ha dado a conocer el proyecto de reforma tributaria. La celeridad con que se ha presentado la iniciativa es una señal clara de la voluntad de cambio. El proyecto incluye medidas positivas, como son el aumento del impuesto de primera categoría de 20% a 25%, la aplicación de la tributación a las utilidades devengadas y no sólo retiradas, el fin del obsoleto DL 600 y la eliminación del FUT y su reemplazo por medidas que realmente apunten a estimular la inversión, en particular la depreciación acelerada que favorecerá a las pymes. Lamentablemente, incluye también una reducción del impuesto a la renta de las personas de 40% a 35%, que puede neutralizar, en parte, los objetivos recaudatorios de la reforma. No es del todo comprensible, tampoco, que el FUT termine sólo el 2018.

La importancia de la iniciativa trasciende su impacto sobre los ingresos fiscales. Representa un distanciamiento respecto de dogmas largamente asentados en el debate económico nacional. El primero es el abandono de la teoría predominante que establece que para que la política pública mejore la distribución del ingreso bastaba que el gasto público fuera progresivo, no importando que el sistema tributario operara en sentido contrario. La evidencia ha demostrado que en Chile el índice Gini empeora después de impuestos y que el sistema tributario, pese a la opinión contraria de algunos académicos, es un importante instrumento redistributivo. Más importante aún, es el abandono de la idea económica “ochentera” de que los impuestos son siempre ineficientes y que representan una pérdida para el ciudadano y para la actividad económica, y que, por tanto, es necesario minimizar la recaudación tributaria.

Las medidas propuestas representan la convicción fundada de que una buena parte del llamado “gasto tributario” no financia la reinversión productiva en las empresas, sino que son recursos que van a parar a paraísos fiscales, a la construcción inmobiliaria de lujo o a sociedades de inversión concebidas como instrumentos de elusión. Como contrapartida, estos recursos en manos del sector público tendrán un impacto positivo en la inversión en el largo plazo vía financiamiento de la investigación científica y tecnológica, de la preparación de los recursos humanos y una mejor infraestructura.

Se ha pretendido atacar la reforma aduciendo que ella fue concebida cuando la economía crecía a un ritmo más acelerado. Es poco probable que las medidas de la reforma tengan un impacto relevante en el presente año. En tal sentido, lo importante para el desempeño económico en el 2014 serán las características de los proyectos específicos, las decisiones de política monetaria y el uso más activo de otros instrumentos de la política fiscal.

Otro es la situación de inversiones en sectores nuevos, cuyas ventajas competitivas es necesario construir. Para ellas, las variables claves son el tipo de cambio y el costo del crédito, pero lo más importante es que la política gubernamental haga lo que no se ha hecho hasta ahora. Se trata de industrias intensivas en conocimiento, que requieren el desarrollo de la investigación en las universidades, financiamiento adecuado y una política tributaria que no las discrimine como sucede en la actualidad.