No supo encontrar el tono

Publicado : 10 Marzo, 2014 en Portada, Prensa

|por María de los Angeles Fernández|


LA CUENTA regresiva del gobierno de Sebastián Piñera asiste a múltiples intentos de balance a fin de sopesar su impacto general en el país. El cuatrienio que termina muestra un gobierno que si bien fue iconoclasta frente al ideario tradicional de la derecha, tampoco supo dar con su tono. La situación fue bien recogida por quien afirmó que se trataba del quinto gobierno de la Concertación. Algo llamativo es que en los dos ámbitos en los que reclamó mayor competencia, tales como crecimiento y seguridad, muestre resultados ambiguos. En el primer caso, la desaceleración asoma preocupante, con la productividad como asignatura pendiente y, en el segundo, las cifras de la Encuesta de Seguridad Ciudadana 2013 revelan que el ritmo de reducción de la victimización se ha ido frenando. Oportunidades como el terremoto o el rescate de los 33 mineros fueron desaprovechadas para construir un relato épico y distinto de la obviedad misma que supone la aspiración de alcanzar el desarrollo, pues ¿qué gobierno querría hacer algo distinto? En materia de estilo, será recordado por su ethos anti equipo, el imposible intento de captura de la realidad en indicadores de gestión y cartas Gantt, la descoordinación con propios y extraños, y por comisiones multiplicadas a la altura de los panes y peces. Si de resultados se trata, su empeño en repetir como un mantra las buenas cifras de crecimiento y de empleo no logró tapar el sol con un dedo. La Ocde, cada cierto tiempo, nos recuerda los costos que, para mantenerlas, deben pagar los chilenos en ámbitos como educación, previsión y salud.

En general, el primer gobierno de centroderecha de la recuperada democracia intentó drenar el malestar dentro de los contornos de la modernidad capitalista: más regulación frente a los abusos, defensa de la ciudadanía en tanto consumidora, y profundización de la democracia representativa de acuerdo al modelo competitivo-elitista. Así como Piñera planteó en su campaña del 2009 que haría lo mismo, pero mejor, en alusión al sentido común en materia de derechos instalado por la Concertación, el gobierno que termina contribuyó a ir más allá en la impugnación de la ideología legitimadora de la elite basada en el mejor derecho del mercado. De ello debieran tomar nota quienes todavía creen posibles los cambios de fachada.

Pero hay otro tipo de balance, relacionado con la fragmentación posderrota que hoy cruza a la centroderecha. Transitó dos decenios sin mayores cambios, manteniendo a personeros emblemáticos de la dictadura entre sus elencos. Navegó sin sobresaltos entre las aguas de quórum constitucionales, las ventajas del sistema binominal, la cohabitación en los poderes autónomos y con amplios dispositivos de hegemonía cultural y simbólica. Pero el sector enfrenta una venganza insospechada: la de la política y la del Estado, a los que denostaron sistemáticamente antes de llegar a La Moneda. Terminó mostrando que a pesar de ufanarse de una preparación de 20 años para gobernar, el rey andaba -sobre todo éticamente- más bien desnudo. En este marco, la alusión del Mandatario a “los cómplices pasivos” de la dictadura a raíz de la conmemoración del cuadragésimo aniversario del Golpe de Estado tiene algo de exorcismo.