Nueva Mayoría ¿política?

Publicado : 06 Marzo, 2014 en Portada, Prensa

|por Gloria de laFuente|


El gobierno que se inicia el próximo martes enfrentará un desafío de proporciones. Se trata tanto de cumplir con las promesas realizadas en el programa, como de generar las condiciones para que sea posible, lo que implica ir más allá de convocar a una mayoría electoral para avanzar hacia una Nueva Mayoría (NM) política y social.

En relación con los aspectos políticos de la amplia coalición de gobierno, no cabe duda que la NM, en representación política y las fuerzas que la componen, es más que la Concertación de los últimos años, lo que se expresa tanto en el Congreso como en la constitución de los equipos de gobierno. Al mismo tiempo, tiene como denominador común un acuerdo de base sobre los ejes prioritarios planteados por el programa. No obstante, esto no asegura un camino fácil y menos cohesión al interior del conglomerado.

Esto explica la insistencia de los presidentes de los partidos de la NM de generar instancias de coordinación con el gobierno, así como los gestos de los nominados ministros del Interior y la Presidencia para dar, en la antesala del cambio de mando, señales de disposición al diálogo y voluntad de coordinación con el mundo parlamentario. En tal sentido, creo que es importante asumir que existen dos niveles de responsabilidad.

El primero, desde el Ejecutivo, es fortalecer el diálogo con los partidos, instancia que se da en especial, aunque no exclusivamente, en el marco del comité político de La Moneda. La tarea es ardua, porque junto con las instancias formales de representación de las mesas, han proliferado también los “lotes” o “facciones” al interior de los partidos que tienen ciertas cuotas de poder y representación. Esto le da también un carácter relevante a la Segpres para propiciar instancias de trabajo y acuerdo prelegislativo con las bancadas y el conjunto del mundo parlamentario.
El segundo, desde los partidos, es generar procedimientos de resolución de conflictos y procesamiento de disensos intracoalición. Es evidente que el foco de tensión estará puesto de manera permanente en los acuerdos que alcancen los partidos que componen la NM respecto de los aspectos sustantivos del programa, lo que implica contar con instancias de discusión previas a las legislativas. Diversidad no es sinónimo de dispersión, por lo que si el fenómeno díscolo se expresa con fuerza en el debate parlamentario, es necesario asumir que las cosas se han hecho mal, y sobre eso, hay experiencia en el Congreso que asumió en 2006