El escenario económico para el nuevo gobierno

Publicado : 06 Marzo, 2014 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|


MICHELLE Bachelet hereda una economía en pleno proceso de desaceleración. Si bien el crecimiento económico entre 2010 y 2014 alcanzó un promedio de 5,4%, para el 2013 se espera un 4%. Las altas tasas de los tres primeros años fueron, principalmente, resultado de factores coyunturales (el terremoto del 2010, el rebote de la economía frente a la caída del PIB en el 2009, y el dinámico funcionamiento de la economía china que impactó favorablemente en el precio de los commodities, en particular del cobre). Pasado estos efectos, el crecimiento económico vuelve al 4% promedio histórico de los últimos 50 años. Peor aún, es probable que de seguir todo igual, la economía crezca en torno a 3% en el presente año.

Este escenario obliga al nuevo gobierno a dar un golpe de timón, de manera de compatibilizar el menor crecimiento esperado con los compromisos programáticos. Cabe reconocer que la trayectoria requerida para retornar a una situación de balance estructural en 2018, no es consistente ni con la desaceleración económica ni con las prioridades que se ha planteado la nueva administración para el próximo período. Aunque el equipo económico considera que el impulso gradual de las distintas medidas no requerirá recursos adicionales a los aprobados en el Presupuesto para el 2014, es probable que la urgencia de algunas medidas prometidas haga necesario innovar, enviando al Congreso una propuesta de ampliación del presupuesto para el presente año. Más aún, si la reforma tributaria demora.

Un mayor ritmo de crecimiento requiere resolver los problemas estructurales de la economía chilena (el estancamiento de la productividad, el problema energético, la falta de solución de la conflictiva relación entre crecimiento y medioambiente, la mala calidad de la educación) que el gobierno de Piñera deja sin solucionar. Para ello, el Estado debe tener un rol protagónico en la orientación de las inversiones estratégicas -energía y las grandes obras públicas- en el desarrollo tecnológico y en la modernización acelerada de la Pyme.

El programa económico de la Presidenta Bachelet es ambicioso. La reforma tributaria prometida busca no sólo aumentar los ingresos fiscales, sino que también contribuir a mejorar la distribución del ingreso y terminar con la elusión tributaria, asegurando que los grupos de mayores ingresos tributen lo que corresponde. La eliminación del FUT es, en tal sentido, ineludible. La creación de la administradora estatal de fondos de pensiones -orientada a los sectores medios-, permitirá aumentar la competencia, reducir las comisiones, abrir una opción de manejo público de los recursos que tenga a la Pyme y el desarrollo nacional como eje de su esfuerzo, e indagar en un sistema moderno y solidario sin renuncia a la cuenta individual. La modernización de la Pyme es condición para elevar la productividad general de la economía. La priorización de la lucha por la igualdad requerirá abordar la grave asimetría que caracteriza la relación laboral.

Finalmente, se deben generar mecanismos de financiamiento efectivos para la organización de consumidores, de manera de equilibrar las relaciones con las empresas. Sólo así se puede crear una sensación de que el abuso empieza a retroceder.