Darle la razón a la esperanza

Publicado : 17 Diciembre, 2013 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|»


MICHELLE BACHELET logró un inédito 62% de los votos de quienes aún tienen la esperanza de que Chile puede ser de todos. Es un mandato claro para impulsar el programa comprometido. Más aún, es una condición necesaria para recuperar para la democracia a cerca de un 55% de los chilenos que se restó de la justa electoral, con la convicción de que sus sueños son ignorados por un sistema político pensado para poner barreras a la decisión de la mayoría ciudadana.

La derecha perdió un millón y medio de electores. Hay razones coyunturales que explican esta debacle. Malas relaciones al interior de la coalición, la seguidilla de candidatos, la impericia política del gobierno y su incapacidad para resolver los problemas energéticos, medioambientales, las tendencias estructurales a una desaceleración del crecimiento y el estancamiento de la infraestructura. Más allá de todo eso, la debacle es un resultado de su incapacidad de romper con la dictadura, de superar la visión neoliberal que caracteriza su pensamiento, de entender que Chile cambió y de su desconfianza respecto de la democracia, expresada en su rechazo a una Constitución que no consideremos como propia.

Mientras la derecha entrará en un proceso de regeneración del cual depende su futuro en una democracia moderna, Michelle Bachelet enfrenta el desafío histórico más importante desde la recuperación de la democracia. Ratificó su compromiso con una nueva Constitución, con una educación pública gratuita y de calidad y con una reforma tributaria que financie un Estado con nuevas responsabilidades. Como si eso fuera poco, su gobierno deberá enfrentar problemas que aun cuando no aparecen como prioritarios en su propuesta programática, hereda de la administración de Piñera. Para ello, la mayoría parlamentaria no es suficiente. Se requiere un liderazgo político capaz de establecer un diálogo inédito con los actores sociales movilizados y con la ciudadanía que todavía se limita a manifestar su descontento restándose de la vida política. Esto exige generar mecanismos de participación que permitan una incidencia efectiva en las políticas públicas de los ciudadanos de a pie. Se requiere un liderazgo que impulse a la Nueva Mayoría a una profunda renovación interna y de sus lazos con la población y, al mismo tiempo, que construya una mayoría política por los cambios más allá de la coalición.

El futuro centro de gobierno será clave. El ministro del Interior debe ser el alter ego de la Presidenta, con un liderazgo propio en la coalición, con amplias relaciones políticas y claras convicciones a favor de la descentralización; el ministro de la Segpres debe reunir cualidades difíciles de juntar, liderazgo intelectual, capacidad de coordinación hacia el interior del gobierno y capacidad de interlocución en el Congreso. El ministro de Educación requiere tener fuertes convicciones a favor de la educación gratuita, igualitaria y de calidad y, al mismo tiempo, una capacidad política que con frecuencia brilla por su ausencia en ese ministerio. Dos ministerios que usualmente sirven para cuadrar la distribución de cargos requieren hoy alto conocimiento técnico, pero sobre todo, capacidad política: los ministerios de Energía y Medio Ambiente.