Abstención electoral: la culpa es del empedrado

Publicado : 13 Diciembre, 2013 en Columnas Chile 21, Rafael Urriola

|por Rafael Urriola|»


Por más que se pida e implore a formas diversas de “acarreo” o “invitación a llevar a alguien que no votó”, los cálculos que se hacen en el comando de Matthei son propios de un voluntarismo cuyo inconfesable objetivo es, apenas, reducir el margen ante su contendora y, ojalá, establecer la duda de que no habría legitimidad en hacer cambios si han concurrido a las urnas menos de 50% de los potenciales votantes.

Otros, incluido el PC y algunos ex PC, han enfatizado en que no votar es hacerle el juego a la derecha (lo mismo dice la derecha… pero al revés). Lo concreto es que no hay explicaciones consensuadas para explicar el desencanto y alejamiento de la gente que termina con una alta abstención. Hay varias hipótesis, por lo demás no excluyentes. Ahora ensayaremos algunas:

a) Da lo mismo votar por uno u otro. Ciertamente, hay notorias diferencias entre los conglomerados del llamado “duopolio”. Especialmente por las responsabilidades de los unos en la dictadura, cuya complicidad no ha logrado “limpiarse” con frases que casi nunca van acompañadas de hechos reales. Pero ello es más nítido entre quienes sufrieron la represión por años.

Los más jóvenes, aun oponiéndose a regímenes de este tipo, no perciben que ello esté en el tapete. Es decir, visualizan que las diferencias se atenúan enormemente cuando la gobernanza los lleva a una estrategia de acuerdos copulares consensuados. Entonces, para muchos termina por dar lo mismo. Sería larga la lista de momentos en que senadores de la Concertación votaron a favor de grandes empresas (pesca, aguas, royalties, etc., etc.). Sería casi majadería insistir en que los grandes lineamientos del sistema económico chileno –impuesto primero por las armas y luego por acuerdos– en estos 40 años han favorecido hasta la saciedad a un ínfimo grupo de familias que controlan el 30% del PIB.

Convencer que las coaliciones son distintas requiere más que competir por bonos, que desde antes del gobierno de S. Piñera están plagados de exclusiones o letra chica. El lucro descomunal en educación, la privatización de las aguas, de las sanitarias, del transporte, del mar, de la minería, no fue en contra de la Concertación sino con ella y durante sus gobiernos.

Todos tenemos derecho a equivocarnos, a rectificar, o aun a pensar que los tiempos cambian y que ahora sí es posible hacer reformas significativas. Pero esta es una apuesta tan respetable como creer lo contrario, es decir, si no lo hicieron antes por qué lo harían ahora.

b) La Concertación se acabó. Ahora es la Nueva Mayoría (NM) que sí cambiará todo. Esta opinión, la vertió un analista en El Mostrador, siguiendo más bien las necesidades del PC para justificar su incursión, electoralmente exitosa, en el conglomerado que se apresta a gobernar. La aseveración resulta un poquito arrogante, porque supone que el 5% llega a la fiesta –tarde además– y cambia la música y hasta a los festejados. La verdad es que la NM son los mismos, más el PC, y que en el conglomerado, por razones esencialmente electorales, evitan los debates de fondo creando serias ambigüedades en las propuestas. El “gran cambio” no lo creyó la gente. La prueba: Michelle Bachelet sacó menos votos que en 2006 con más electores en la actualidad. Esta es la realidad.

c) No hay educación cívica en Chile. En este caso la culpa sería del Ministerio de Educación, porque no capacita a las personas en sus derechos y deberes cívicos. Esta línea argumental también llena de humo el ambiente dejando sin responsabilidad a una burocratización generalizada de los partidos políticos –que también se expresa en todo el planeta– en que los ciudadanos son “votantes” –en el mejor de los casos– y en que se suspendió toda relación entre partidos y la organización social. Eso pasa en las centrales de trabajadores minimizadas, porque ni los partidos se interesan en sus demandas ni las leyes favorecen su organización. No es casualidad que la dirección de la CUT haya dicho que el programa que más se aproxima a sus reivindicaciones (afiliación obligatoria, negociación colectiva, no reemplazo en caso de huelga) era el del PRO. Más aún, los movimientos sociales surgen pese a los partidos. En definitiva, son los partidos los que no están cumpliendo su rol cívico.

d) Nos equivocamos con el voto voluntario… debe ser obligatorio. Esta explicación es un poquito peor que la venta del sofá de don Otto. Pese a que el voto era obligatorio entre 1990 y 2006 cada vez menos gente acudió a votar. Probablemente porque algo dejó de interesarles (¿la alegría que pasó… pero por otro lado?) En fin, no resiste análisis ni mejorará la legitimidad reducir el padrón para mejorar la abstención. ¡La proporción de población que no participa es independiente de un padrón electoral!

e) Finalmente, la culpa de la abstención es de los que llaman a no votar. Esto termina siendo un reconocimiento espectacular (o quizás torpe) a lo que hacen, o pueden hacer, los mismos a los que se les acusa de marginales y minoritarios y que, en este caso, serían responsables del accionar del 50% de la población.

En concreto, hay que asumir responsabilidades de todo el espectro político en la abstención. El desprestigio de las cúpulas políticas de las coaliciones mayoritarias obedece a una manera de hacer política y eso es lo que debe cambiar en Chile.