La política del piropo

Publicado : 09 Marzo, 2009 en Prensa

En su bullada gira por el sur del país, Sebastián Piñera no habría escatimado piropos en sus encuentros con las mujeres. Esto no debiera sorprendernos. Una actitud esperable de los candidatos en campaña es endulzar los oídos de los votantes con aquello que esperan escuchar. En este caso, además, resulta coherente con otros rasgos de súbita empatía florecidos durante este periplo: la habilidad que habría desarrollado para “escuchar” a los demás, su supuesta cercanía con la gente y la “sintonía” que habría desarrollado con Joaquín Lavín. Por otra parte, ¿cómo soslayar el protagonismo que se le asigna a su medio de transporte, el helicóptero? Es tanta la importancia que está cobrando que, en este caso, bien vale afirmar que el medio es el mensaje, ya que de propuestas programáticas, nada se ha sabido.

Lejos de ser inocentes, los piropos piñeristas encubren no sólo la manera en que el candidato concibe los asuntos de género, sino algo más profundo: la valoración que le merecemos las mujeres. Según lo que la prensa recoge del Grupo Tantauco, instancia que reuniría a la materia gris a cargo de su programa de gobierno, los temas que nos importan estarían asignados a una comisión cuyo nombre no reviste originalidad proviniendo de la derecha: “Mujer y Familia”, dirigida por su esposa. El solo rótulo revela la visión tradicional que limita las preocupaciones femeninas a la familia e ignora, en pleno siglo XXI, la consideración de las mujeres en su autonomía individual. De paso, deja en un limbo a las “jefas de hogar”, cuyo número en Chile, como en tantas partes, va en ascenso.

Un anticipo de su actitud en este terreno se hizo visible en la campaña presidencial pasada. Presionado por la competencia con una candidata que desplegó un claro discurso de género, Piñera desarrolló una repentina sensibilidad en la materia, haciendo ofertas carentes de un marco de referencia que permitiera conocer su visión acerca de la situación y el papel de las mujeres en la sociedad actual. Que un candidato asuma que estas interrogantes se responden con lisonjas no sólo alarma, sino que revela el trato infantil que, al parecer, le merecemos las mujeres.

Aunque algunos plantean que un triunfo presidencial de la derecha no resultaría traumático, ya que daría muestras de la estabilidad democrática chilena por la vía de la alternancia, lo cierto es que para las mujeres podría resultar, sencillamente, una hecatombe. Concedamos que los partidos de la Concertación han sido remolones en incorporar a las mujeres en sus listas y concedamos también que el comando de Eduardo Frei emite señales preocupantes cuando muestra a una sola mujer en sus equipos. Aun así, los logros durante los gobiernos de la Concertación marcan un antes y un después en la vida de las mujeres. En el plano institucional, las transformaciones van desde la creación del Sernam, en 1991, hasta la existencia de un Consejo de Ministras y Ministros por la Igualdad de Oportunidades, así como de comisiones regionales y sectoriales de género. En materia legislativa, los avances impactan directamente sobre la sociedad chilena toda. Nos referimos a leyes como la de violencia intrafamiliar; de filiación; de dderecho a fuero maternal para trabajadoras de casa particular y las que adopten hijos; la que establece el derecho de las estudiantes embarazadas o madres de lactantes a permanecer en los establecimientos educacionales; la que prohíbe la discriminación por edad o estado civil al postular a un empleo; la que sanciona el acoso sexual en el trabajo y así, suma y sigue. Es del seno de la Concertación de donde surgieron liderazgos presidenciales femeninos. Es este Gobierno el que ha impulsado una reforma previsional que apunta a corregir las desigualdades de género, permitiendo que miles de mujeres accedan a una pensión digna.

No está de más recordar estos hitos, dado que a las políticas de género se les suele asignar un lugar menor en las prioridades del país y en las agendas de los medios. ¿Qué piensa el candidato de la derecha de la brecha salarial de género, o del régimen económico del matrimonio, del recrudecimiento de la violencia contra las mujeres, o de la recomendación del último informe del PNUD que sostiene que “la principal tarea pendiente del país es la inclusión de la mujer en el mundo laboral y su acceso a cargos de poder”, temas instalados en el debate público y algunos de ellos, próximos a tratarse en el Congreso?

Bien pudiéramos hacer un ejercicio del “reino del revés”, consistente en imaginar espacios y roles, pero a la inversa. Pensemos, por un momento, en el Ministerio del “Hombre y la Familia” así como ver a candidatas piropeando votantes varones ¿qué tal?

Amelia Valcárcel, la filósofa feminista que en abril próximo visitará Chile, señalaba en el marco de las elecciones españolas de 2008 que los períodos electorales son ocasiones para buenos debates sobre estos asuntos. Que el piropo no opaque la ocasión, y menos nos confunda, a la hora de elegir a nuestros futuros mandatarios.

* Ma. de los Ángeles Fernández es Directora Ejecutiva de Fundación Chile 21 y Bet Gerber es Directora de proyectos de Fundación Friedrich Ebert.

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