Una elección interminable

Publicado : 25 Noviembre, 2013 en Portada, Prensa

|por René Jofré|»


La segunda vuelta se inició la noche del domingo con una paradoja: parecían más contentos los que perdieron que los que ganaron. Extraño asunto si se tiene en cuenta que el pacto Nueva Mayoría, encabezado por Michelle Bachelet, obtuvo casi un millón y medio de votos más que su contrincante y una contundente victoria en ambas cámaras.

Y es que la nueva campaña emergió en la misma noche electoral. En el momento que se hace el inevitable cruce entre expectativas previas y resultados. Es en ese balance, que la Alianza experimentó una alegría inesperada al pasar a segunda vuelta. Una victoria pírrica, si consideramos la contundencia de los números.

En los días siguientes se decantó el momento político con la interpretación de los resultados. En eso no hubo dos lecturas, mientras el pacto de centroizquierda que apoyaba a Bachelet obtuvo una victoria inapelable en todos los parámetros en que se mide una elección, la Alianza, especialmente la UDI, mostraba un asombro resignado frente a la derrota, perdiendo varios diputados y a sus dos candidatos a senador en la Región Metropolitana. Un dato que evidencia la merma es que en 18 distritos la Alianza obtuvo menos del 32%. Es decir, en todos esos territorios electorales la derecha pudo quedar sin representación, tal como ocurrió en 10 de ellos.

Por otra parte, La Moneda dimensionó que no supo sostener un gobierno logrado después de un largo interregno. Es en esa constatación, que el 2017 se vuelve una fantasía que trastocará en pesadilla apenas Piñera abandone Palacio. Lo espera una dura contienda, tiene rivales.

Entretanto, los comandos se han dedicado a contar sus bajas reforzando sus líneas para lo que viene. Se preparan para la batalla final. En términos de apoyos para ese recuento, Bachelet recibió sucesivamente, señales del mundo de Parisi, el respaldo de Revolución Democrática y la sorpresiva visita del senador Horvath. Mientras, Matthei intentaba poner rostros distintos en la campaña, pero todos dentro de los límites de la propia Alianza.

La tercera fase comenzará ahora. Ya rearmados los comandos saldrán a pedir el voto nuevamente y el momento electoral predominará.

En ese contexto, ¿qué peligros pueden acechar a los comandos en esta segunda elección?

En la Alianza, se vuelve a instalar la sombra del ajuste de cuentas. Ahí donde la diferencia se torna irremontable, los barones de la derecha muestran la ansiedad previa al combate entre ellos, que ya ha conocido de sus primeras escaramuzas. Más allá de las sonrisas del domingo de la elección, la Alianza sabe inminente su derrota. Esa sensación los ha acompañado desde el comienzo y cual bestia mitológica amenaza con devorarlos.

En la otra vereda, se ha afirmado con certeza que un equipo que gana no se cambia. Pero se torna necesario algo más que la sensación de triunfo, algo más que la contundencia: se requiere una convocatoria amplia que permita a muchos ciudadanos sentir los cambios como propios. Gobernar es árido, no estaría mal instalar la idea de que algunos sueños son posibles, no solo desde el frío acontecer de estadísticas o modelos, sino en la posibilidad de imaginar futuros posibles para una sociedad que pide cambios, pero que observa a diario que el poder no se hace cargo de esa demanda. Ante la posibilidad de una baja participación electoral, ese llamado puede ser crucial para atenuarla.