Un gobierno débil, un Estado fuerte

Publicado : 20 Noviembre, 2013 en Portada, Prensa

|por Gabriel Gaspar|»


La noche del 17 de noviembre se inició un largo y complejo periodo que se extenderá hasta marzo próximo. Si bien queda el trámite de la segunda vuelta, es inocultable que, en las elecciones del domingo, el oficialismo sufrió una severa derrota. En efecto, tanto La Moneda como los partidos de la coalición de derecha han sufrido un rotundo rechazo de la ciudadanía. En especial la candidata presidencial, que no logra siquiera igualar la votación de los parlamentarios de su sector.

Son múltiples las lecturas que dejan las elecciones de noviembre de 2013, pero el sello común es el rechazo al continuismo de la actual fórmula de gobierno. También llama la atención el elevado nivel de abstencionismo. Si bien la segunda vuelta presenta poca incertidumbre, el futuro inmediato del país estará marcado por la fortaleza institucional del mismo, junto a la débil base política de lo que resta de la administración Piñera. En efecto, el gobierno queda en situación de debilidad política, mayor aún a la que ha padecido hasta hoy. Pero seguirá siendo gobierno hasta marzo, y tendrá la responsabilidad irrenunciable de conducir los asuntos públicos. Entre otros temas, realizar nombramientos, tomar decisiones de Estado, preparar responsablemente la transición al nuevo gobierno.

En los días que vienen, el Presidente deberá nombrar al nuevo comandante en jefe del Ejército, así como designar el nuevo alto mando de las FF.AA. y las fuerzas de seguridad; también están pendientes designaciones en el Banco Central y en la Suprema. En términos de Estado, estamos en el periodo final del fallo del Tribunal de La Haya, tema donde desgraciadamente sigue prevaleciendo la adhesión a la tesis de las “cuerdas paralelas” y el inmovilismo. También tenemos responsabilidades que asumir de aquí a marzo en el plano internacional, como ingresar en enero al Consejo de Seguridad de la ONU.

Afortunadamente, Chile tiene una institucionalidad fuerte. Lo comprobamos en la vida cotidiana. Las elecciones de ayer transcurrieron en absoluta normalidad, nadie recriminó ningún resultado, antes de medianoche los cómputos estaban resueltos. Subió la Bolsa, los niños fueron tranquilamente al colegio y todo el mundo a su trabajo. No hay eco para los llamados apocalípticos. El país está maduro para opinar y decidir respecto del futuro que quiere. Es la fuerza serena de la democracia.

Los hábitos republicanos que hemos construido a lo largo de nuestra historia dan frutos. Luego de un periodo de fuertes y legítimas movilizaciones sociales, de debates programáticos que colocan en la agenda reformas al sistema político, cambios en la tributación, rediseños varios, la ciudadanía los procesa sin dramas, y también la economía y la sociedad. Por ello, advertir la paradoja de tener un gobierno debilitado políticamente, en el contexto de un Estado fuerte, permite evitar la equivocada apreciación de confundir gobierno con Estado. Es esa fortaleza institucional la que permite procesar sin drama las demandas que emergen de la sociedad y que se expresan electoralmente. Será en las semanas próximas cuando se compruebe a plenitud la fortaleza de nuestra institucionalidad, al ponerse en movimiento una alternancia en el gobierno, junto a la permanente e indispensable custodia de nuestros intereses de Estado, por encima de aspectos coyunturales y de intereses parciales, pensando todos en Chile y su destino.