¿Libertad de mercado o libertad de sentido?

Publicado : 05 Noviembre, 2013 en Portada, Prensa

|por René Jofré|»


Salvo espíritus sumamente ideologizados, pocos se atreverían a desmentir que libertad e igualdad son valores complementarios de la vida democrática moderna. Efectivamente, libertad e igualdad es a lo que aspiran amplios sectores de la sociedad que entienden el valor de ello. El siglo 20, dramáticamente, contribuyó a ese aprendizaje.

Sólo reminiscencias de la Guerra Fría, lógica que en Chile no se ha extinguido del todo, otorgan algún lugar a políticas de facto, que en nombre de un tipo de libertad -la que ejercen en el mercado las grandes compañías-, no permiten que se lleven a cabo reformas que permitan igualar las oportunidades a los sectores más vulnerables del país o, más de fondo, establecer derechos que garanticen una mejor calidad de vida a personas o comunidades. Sin ello, estos sectores pueden terminar considerando que la libertad es sólo una abstracción, ya que la libertad de algunos, los muchos, queda limitada por las libertades de otros, los pocos. La libertad entonces, más que permitir a las personas ejercer una acción individual autónoma se convierte en un espejismo.

Para lograr autonomía con discernimiento es necesario evolucionar en lo económico, lo social, lo político y lo espiritual, tanto los individuos como las naciones. En ello pensaba Viktor Frankl, el siquiatra austríaco sobreviviente de Auschwitz, al escribir de aquellos hombres que, en la horrorosa experiencia de los campos de concentración, “ejerciendo la última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias”, decidían dar su último pedazo de pan del día a quienes se encontraban más débiles. Era una libertad con sentido.

Y el punto es que la evolución de la autonomía personal, para que sea un valor socialmente apreciado requiere de gran inversión en bienes sociales como educación, cultura y valores.

Por ello, así como no es posible que se sacrifique la libertad en nombre de la igualdad, tampoco cabe concebir una sociedad en donde unos pocos tengan la libertad de elegir todo, o casi todo, y muchos no tengan ni siquiera acceso garantizado a ciertos bienes.

Los programas de gobierno aseguran el valor de la libertad, como una premisa instalada en la sociedad chilena. Pero los énfasis son distintos. En el de Evelyn Matthei se pone el acento en la libertad de elegir. Por ejemplo, en Salud señala: “que todos los chilenos, independiente de sus niveles de ingresos, puedan elegir dónde atenderse”. El desafío, desde el punto de vista de ese programa, será convencer a los electores de que eso es posible, ya que, de ser efectivamente así, cualquier chileno se debiera poder atender tanto en un consultorio como en la mejor clínica del país, independiente de sus ingresos.

En la introducción al Programa de Michelle Bachelet, se puede leer la aspiración de la candidata de la Nueva Mayoría respecto a la libertad: “Un Chile con ciudadanos y ciudadanas que viven con confianza su libertad, autonomía y derechos”. Este punto también conlleva un desafío: el recuperar la confianza de los chilenos y chilenas en las promesas de cambio.

Libertad de elegir en el mercado o libertad con autonomía personal con base en la educación para elegir con discernimiento. Un dilema relevante de esta elección.