Partidos a la zaga

Publicado : 28 Octubre, 2013 en Portada, Prensa

|por René Jofré|»


En la mitología romana, Jano fue un rey posteriormente divinizado. Según Séneca, este monarca era un hábil orador, diestro en el arte de examinar los fenómenos hacia atrás y hacia adelante. Es decir, de observarlos en todos sus aspectos. La renovación política es de esas categorías que Jano necesitaría revisar en todas sus caras para dar cuenta cabal de ella.

Así es, el concepto renovación política ha sido usado, por ejemplo, para demarcar una cuestión etaria entre generaciones: los jóvenes políticos, algunos ni tan jóvenes, vendrían a reemplazar a los viejos trayendo una nueva energía. Una explicación vaga, pero que hemos visto ampliamente difundida en la publicidad electoral de las campañas.

Otra interpretación intenta una analogía con el fenómeno literario de las generaciones. Ciertos hitos y hechos de carácter histórico liderados por un conjunto de hombres y mujeres que ocupan posiciones destacadas en lo público, formarían una “generación”: la llamada generación del 80 en Chile o la ya mítica generación de mayo del 68 en Francia. Es decir, se interpreta a una generación como parte de un fenómeno de renovación político-cultural más amplio que el solo hecho etario.

En la primera versión, el remplazo responde a la necesidad propia del devenir de toda sociedad, como parte del proceso de renovación de sus élites. El cambio es más de tipo formal, dado por la edad y no por una necesidad política de fondo. En el segundo, aparte de la edad, se produce cambio a través de una experiencia político cultural que permea a la sociedad entera (revistas, grafitis, libros, estilos, movimientos artísticos, etc.).

Pero la renovación también se puede analizar desde el campo de las ideas políticas: nuevos enfoques, actualización del campo intelectual y político, el otorgar nuevos significados a fenómenos sociales. Aquí se trataría de cómo las fuerzas políticas son capaces o no de interpretar el tiempo que les toca vivir y, de acuerdo a esa interpretación, proponer a la sociedad caminos para la vida en común.

Cabe preguntar, entonces, si la política ha sido renovada en estos años de alguna de estas formas, especialmente en la cultura y en las ideas. Si los partidos se han puesto al día no sólo en presentar nuevos cuadros para liderar o administrar, sino que en proponer nuevos temas que den solución a los problemas de la sociedad chilena. Y no. No lo han hecho. Han ido a la zaga.

La reciente conmemoración de los 40 años del golpe permitió ver a una derecha muy desactualizada, con poca energía para desprenderse de lo que algunos de sus dirigentes consideran un lastre: la asociación con la dictadura. La Coalición por el Cambio volvió a ser la Alianza por Chile: una coalición a la defensiva, con menor variedad, resguardando privilegios en vez de entregar una propuesta de cambio y modernización de la sociedad chilena.

En la izquierda, la renovación política ha venido desde fuera, tanto en su versión de generación de remplazo, como en las ideas. Movimientos sociales e intelectuales por fuera de los partidos han interpretado mejor a una sociedad que mayoritariamente quiere cambios. Por cierto, cambios más rotundos que los tímidos balbuceos o excusas varias de los dirigentes políticos del sector.

En síntesis, la renovación política avanza en su aspecto de reemplazo, pero como advertía Lechner, la política democrática no sólo está relacionada con quienes toman las decisiones, sino que también, y de manera importante, con el modo en que concebimos la intervención de la política en las distintas dimensiones de la sociedad.