Representación vs. participación: una falsa dicotomía

Publicado : 07 Octubre, 2013 en Portada, Prensa

|por Gloria de la Fuente y Danae Mlynarz|»


Una falsa dicotomía se ha instalado entre democracia representativa y formas de democracia directa o participativa en Chile, impulsada por sectores conservadores, que tiene miedo a avanzar en disminuir las brechas de participación que hoy existen en Chile. Lo cierto es que ambas son complemento indispensable de una democracia de calidad en nuestro país.

Por una parte, el Congreso se encuentra discutiendo, con un entusiasmo transversal pocas veces visto, la reforma al sistema electoral, símbolo de una forma de representación que quedó anclada en el pasado y que refleja fielmente aquellos “cerrojos” que tiene aún nuestra democracia, producto de una herencia autoritaria que nos ha costado caro. Al respecto sólo señalar que parece del todo preocupante que quienes estén instalados en la discusión sean los principales interesados en la configuración de los distritos y en el resultado electoral que este cambio puede provocar, por lo que de ante mano es reprochable que una discusión de estas características se haga sólo en el Congreso con los actores incunventes de aquellos cambios, sin incorporar formas participativas de escucha a la ciudadanía y al basto número de académicos que por años en Chile han escrito sobre estos temas. En este sentido, es necesario poner una luz de alerta sobre el cómo se están pensando estas mejoras en las formas de representación en Chile. Que de hecho han dejado fuera del debate la inclusión más equitativa de nosotras las mujeres.

Por una pista paralela corre la discusión sobre las formas participativas o mecanismos de democracia directa que es posible observar en la experiencia internacional. En el último tiempo han abundado intervenciones públicas que asocian estas formas de participación -iniciativa ciudadana de ley, plebiscitos e incluso la posibilidad de una asamblea constituyente- a países de un estándar democrático menor, amenazando incluso con que su implementación sería igual a abrir la puerta a la debacle de nuestro sistema político y a la gobernabilidad que Chile necesita. Un ejemplo claro es la intervención de un ilustre parlamentario hace un par de semanas que señalaba que la reforma al binominal era una manera de frenar la aspiración de una asamblea constituyente.

Lo que describimos no es raro, ya el Informe de Desarrollo Humano del 2012 señalaba que mientras la sociedad chilena había perdido el miedo característico de la década de los ’90 (entre ellos, a la regresión autoritaria), la elite política había ido acumulando miedos. Cuestión que no es de extrañar considerando que la transición generó una brecha importante entre la elite política que negoció los acuerdos y el resto de la ciudadanía que no fue convocada a ser parte del proceso.

Con todo, lo cierto es que estamos en un momento donde ya no es posible seguir separando antojadizamente la participación de la representación, la sociedad chilena se ha transformado y requiere también que sus liderazgos y sus autoridades hagan gala de este clamor, sólo así podremos dotar de mayor calidad a la democracia y sentirnos todos y todas convocados avanzar en mayores niveles de igualdad en la toma de decisiones y en derechos sociales garantizados.