Reforma al binominal y el fin de un “enclave autoritario”

Publicado : 04 Septiembre, 2013 en Portada, Prensa

|por Gloria De la Fuente|»


Una de las aspiraciones más relevantes sobre reformas políticas en Chile ha sido la del sistema comúnmente llamado “sistema binominal”, tanto porque constituye uno de los enclaves o cerrojos más pesados que nuestra democracia heredó de una larga dictadura —buen ejercicio de memoria cuando recordamos 40 años del golpe de Estado— como también porque ha propiciado un sistema de empates que ha dejado sistemáticamente sin escaño parlamentario a fuerzas políticas que representan una mirada distinta a las dos grandes coaliciones que nacieron al alero de la transición. Pese a múltiples intentos de reforma, nunca fue posible, hasta ahora, pasar de la expresión de voluntad a la aprobación de una iniciativa concreta, como parece vislumbrarse con la reforma constitucional que abriría la puerta al cambio. No obstante, hay que tomar esta posibilidad con cautela por varios motivos.

Primero, porque la experiencia muestra que en Chile la discusión sobre la reforma al sistema electoral ha estado muy concentrada en los distritos con un horizonte temporal limitado (sin considerar adaptarse a los cambios demográficos) y en la forma en que los votos se convierten en escaños; pero menos en los tipos de candidaturas (que pueden incidir en la personalización de la política) y el sistema de voto. Todos éstos consignados en la literatura como elementos de los sistemas electorales.

Segundo, en momentos donde la crisis de representación se extiende a la actividad política en general, es deseable considerar otros elementos del régimen electoral y la forma en que éstos interactúan con la reforma: ley de partidos, financiamiento de la política y las campañas, la institucionalidad electoral, cuotas de género y el voto de los chilenos residentes en el exterior, entre otras materias. En tal cuadro, es esperanzador que la Comisión de Constitución del Senado haya aprobado también el límite a la reelección parlamentaria.

Por eso, aprobada la reforma constitucional en debate, es preciso poner atención al proceso que se iniciará y, en tal sentido, quiénes serán responsables del diseño del nuevo sistema. La experiencia internacional muestra que la reforma electoral puede hacerse de muchas maneras, pero que lo más relevante es que cuente con amplia legitimidad política y social. De hecho, propiciar un espacio transversal de debate tal vez sea la mejor opción para llegar con una alternativa ampliamente legitimada al Congreso y que obedezca a la realidad de nuestro sistema político y la demanda de la ciudadanía, aunque ello no es posible al calor de la actual contienda electoral.