El largo plazo y la gestión presidencial

Publicado : 29 Agosto, 2013 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por María de los Angeles Fernández y Eugenio Rivera|»


Las crisis recientes del INE y del Servel, aunque por motivos distintos, han terminado por asentar la idea de la contribución el gobierno de Sebastián Piñera al debilitamiento estatal. Sin embargo, algunos hechos permiten matizar este juicio. Nos referimos a la creación, en 2010, de la llamada Unidad de Gestión Presidencial de Cumplimiento (UGPC), inspirada en la “Delivery Unit” británica, dependiente de una reforzada Secretaría General de la Presidencia (Segpres). En días recientes, se conoció una evaluación de dicha instancia realizada por el BID que señala que habría contribuido a mantener el foco de la actividad gubernamental en los objetivos del gobierno, asegurando la necesaria coherencia y la coordinación. No obstante, también sugiere que podría haber habido duplicación de funciones con otras unidades y que algunos beneficios se han hecho realidad más por la presencia de agendas individuales y por la proliferación de instituciones, aisladas unas de otras.

Con el gobierno en su recta final, surge sobre su continuidad una pregunta similar a la que se formuló en relación al llamado Segundo Piso, creado por el ex Presidente Lagos y que Michelle Bachelet mantuvo, incorporando además la figura de las comisiones. Ambas forman parte del llamado “centro de gobierno” acerca del que hubo, durante la actual administración, un esfuerzo reconocible de sistematización y documentación. Asimismo, se racionalizó el uso de los Comités Interministeriales, cuya coordinación y secretaría ejecutiva radican en La Moneda. Estos resultados parecen aconsejar su permanencia, aunque será útil conocerlos con mayor detalle. Un paso adicional será someter dicho balance al escrutinio académico. El tema es relevante por cuanto el futuro parece deparar un entorno presidencial crecientemente complejo, en un cuadro de desaceleración económica y revolución de expectativas.

El refuerzo institucional de la Presidencia con cuadros estables en el tiempo, algo impensable hoy día –entre otras razones– por presumirse todopoderosa, debiera considerarse frente a fenómenos que conspiran contra la sinergia y el largo plazo. Nos referimos a factores tales como mandatos de cuatro años, programas electorales difusos y el fantasma de la hegemonía de Hacienda, para no hablar de la dificultad para contar con mayorías parlamentarias. Súmese a ello la creciente tentación de recurrir a la creación de organismos autónomos cada vez que se enfrenta un problema.