¿Más mercado o más Estado? Hora de definiciones

Publicado : 18 Julio, 2013 en Columnas Chile 21, Rafael Urriola

|por Rafael Urriola|»


Cuando las cosas parecen simples, en una realidad de suyo muy compleja, es el mejor momento para sospechar de las simplezas.

Primero. ¿Por qué la realidad es compleja? Porque el mundo viene dando señales contundentes que indican que el capitalismo no satisface las expectativas de demasiada gente. Muchos porque se han visto marginalizados del acceso a los beneficios de la sociedad (11% de la población en cesantía en promedio en la OCDE y 25% en España); otros porque no encuentran trabajo pese a tener estudios suficientes (más de 20% de cesantía de los jóvenes de hasta 25 años en Chile pero también 40% en Grecia). En definitiva, la idea de que la historia se acababa fue una quimera justamente inventada por los paladines del capitalismo. Ciertamente, la alternativa no es la que impulsó el “socialismo real” de la guerra fría.

Pero hay conceptos propios de la tradición marxista e incluso de la Revolución francesa –capitalista por antonomasia- que siguen pendientes: igualdad, fraternidad, solidaridad. La libertad, se ha generalizado aunque cada vez que ésta amenaza al modelo general, al menos en América Latina, ha sido avasallada por dictaduras militares que colmaron la Región después de los años 70.

El tema central, que divide ideológicamente aun a las sociedades, es el rol del estado y el rol del mercado. Los extremismos en esta línea son los que realmente han hecho inviables tales posturas. En Chile, la derecha aborrece al Estado y solo lo usa, para dar bonos intrascendentes o para privatizar sus servicios; de otro lado, hay quienes quieren “nacionalizar” todas las empresas. El “justo término medio” no consiste en “dividir el pastel”, sino en regular el accionar de quienes tienen ventajas de poder y concentración económica, para evitar los abusos que provoca la asimetría de información y, en particular, el poder de la condición de monopolio u oligopolio (farmacias, retail, Isapres, AFPs, telefónicas, aguas, electricidad, etc.).

En Chile se ha mostrado que las facilidades legales permiten que incluso empresas multinacionales europeas o norteamericanas no respeten cláusulas ambientales que serían de toda obviedad en sus países de origen (por ejemplo, las salmoneras finlandesas en Chiloé o la canadiense que intenta explotar Pascua Lama), o que no paguen por concepto de royalties, sino una ínfima parte de lo que pagan en otros países.

En este ámbito, a algunos les cuesta concebir que la sociedad –que no puede sino ser representada por el estado- debe responsabilizarse de la igualdad, no sólo de oportunidades sino de resultados. Becas para un 70% de los universitarios parece democrático. Educación gratuita parece inconsistente para posiciones izquierdistas. No obstante, si el Estado asegura universalidad asegura igualdad. Para asegurar igualdad es necesario disponer de los recursos y esto significa que los aportes sociales (los impuestos) deben ser proporcionales a los ingresos reales de las personas (de cada uno según sus posibilidades). Adicionalmente, las empresas también deben aportar (como en Estados Unidos o en Europa, por lo demás) lo que en Chile no lo hacen, ni en la seguridad social y lo que es más extraño (según la OCDE), tampoco aportan con impuestos porque las ganancias son un crédito que hacen al estado y que se recupera una vez que la reparten entre los accionistas.

Este ardid jurídico, el Fondo de Utilidades Tributarias que impuso la Ley Nº18.293, a partir del año tributario 1985, es un registro contable de las utilidades que no han sido retiradas de la sociedad por sus dueños y por las que deberían pagar impuestos en el momento en que las retiren; al mismo tiempo, es un registro de los impuestos pagados por las empresas y que sus dueños descontarán como crédito de sus propias declaraciones. Se calcula que en ese fondo hay U$ 200 mil millones sobre los cuales las empresas no han declarado impuestos. Muchos ven, como es lógico, en el FUT una oportunidad para aumentar la recaudación fiscal.

La propuesta de Longueira por cierto es no cambiar nada de lo actual lo que da cuenta que el ciclo concertacionista no amenazó la estructura de concentración de ingresos del país ni la lógica del modelo. La propuesta de la Concertación en estas elecciones de 2013 necesitará precisiones en este campo, porque una lógica perversa de las políticas llevadas a cabo por los gobiernos de la Concertación, fue que no existían los recursos para hacer las reformas pero no se hacían esfuerzos, políticamente relevantes, para obtener tales recursos. Por cierto, la candidata tiene opiniones que explicitar pero, sin duda, esta decisión puede que tenga alguna relevancia en cuanto a la decisión del voto en las elecciones de noviembre.