Una presidencial ¿competitiva?

Publicado : 05 Julio, 2013 en Portada, Prensa

|por Gloria de la Fuente|


SORPRENDIO el nivel de participación en la primaria, y muchos de quienes nos dedicamos a las ciencias sociales tenemos una lección que aprender. Tal como señala Pierre Bourdieu, es necesario evitar la “tentación del profetismo” para distinguir la opinión común del discurso científico. Muchas de las apuestas sobre los niveles de participación y resultados estuvieron basadas en apuestas estratégicas más que en un análisis a partir de la observación de la realidad.

Hay que poner los datos, análisis y las expectativas en su dimensión, porque si bien la participación fue relevante, es importante considerar que el 80% del electorado no concurrió a votar, siendo sólo una parte mínima la que estaba realmente inhabilitada para participar, por encontrarse inscrita en partidos que no competían en esta oportunidad. Si consideramos los datos de países que tienen voto voluntario, donde los niveles de participación se encuentran entre el 50% y el 60%, lo cierto es que falta que en noviembre se pronuncien, al menos, tres o cuatro millones de electores, es decir, el doble de quienes participaron en la primaria. No hay ningún antecedente que señale que la intención de voto de estos electores está de manera significativa con un candidato fuera de pacto, así que quienes están sacando cuentas alegres debieran moderar expectativas.

Aunque no cabe duda de que el nivel de votación de la ex presidenta en la primaria la ubica con un piso que le da ventaja, lo cierto es que queda aún un importante camino por recorrer para las candidaturas, particularmente pensando en la posibilidad de segunda vuelta.

Para la Nueva Mayoría, el desafío es de doble naturaleza: de refundación y mayoría efectiva. De refundación, porque la ampliación de las fronteras de lo que fue la Concertación implica no sólo desarrollar un programa de gobierno innovador, que supere “la medida de lo posible”, sino que también conseguir una mayoría efectiva y no sólo circunstancial en el Parlamento, que permita hacer las reformas relevantes, pero también mantener el sentido de coalición. Es importante recordar que fue justamente en el primer período de gobierno de la ex mandataria que el fenómeno llamado “díscolo” emergió con fuerza, dificultando la tramitación de varios proyectos relevantes para el Ejecutivo. En este sentido, el proceso de selección de candidatos es clave.

Para la Coalición por el Cambio, el dilema es de proporción, considerando que el candidato electo representa un proyecto político que se ubica al extremo derecho y que la alternativa derrotada quedó huérfana, porque está lejos de tener cabida en la que representa el candidato. Tomando en cuenta que el oficialismo anticipaba la probabilidad de éxito de la ex mandataria es que la disputa del oficialismo en la primaria fue más una lucha por la hegemonía de proyecto, tanto desde la perspectiva electoral como de contenido.

Así las cosas, es evidente que el gran damnificado fue RN. Será una presidencial competitiva, porque nunca una elección se gana hasta que se cuenta el último voto. No obstante, dado el panorama, no cabe duda de que la competencia estará muy firmemente arraigada más dentro que fuera de los bloques políticos.