La Nueva Mayoría y el movimiento social tras la primaria

Publicado : 04 Julio, 2013 en Portada, Prensa

|por Osvaldo Torres|


Los resultados de estas primarias merecen una evaluación profunda y detenida, por lo que por ahora se pueden hacer solo comentarios.

Una cuestión básica es la amplia participación electoral, que más allá de la convocatoria a no participar que hicieron algunos sectores, rompió todos los vaticinios al alcanzar más de tres millones de electores. Esto implica que una gravitante cantidad de chilenos/as ha optado por los cauces electorales como forma de resolver la crisis que se está expresando en distintas dimensiones de la sociedad chilena.

Esta cuestión pone al movimiento por la educación y en particular a los nuevos dirigentes estudiantiles emergentes en el campo político, ante el desafío de articularse en una agenda marcada por su horizonte electoral. En otras palabras, llegó la hora de integrar sus demandas a las discusiones programáticas de los candidatos presidenciales, si efectivamente se quieren concretar conquistas en sus demandas. En este sentido, si se es más audaz, se debería pactar con el bloque mayoritario un programa que asegure la concreción de lo luchado en estos años. También demandará, de los líderes juveniles que han decidido postularse al parlamento, ganar con rapidez la capacidad de expresar la “nueva política” que demanda la ciudadanía, convenciendo y ganando la confianza de quienes los han apoyado en tanto estudiantes y los requieren como alternativa, como nuevos dirigentes políticos para el país que han ayudado a cambiar.

La Nueva Mayoría también debe buscar la integración de los actores sociales que han ocupado la escena política que está permitiendo que exista en el país una sensibilidad y presión por los cambios, pues de otra manera el empresariado buscará cercar al gobierno con los medios de comunicación, con el lobby de sus operadores y con sus nexos con la “vieja política” que también está anidada entre sus partidarios.

Otro elemento relevante es el resultado en la derecha. El triunfo de Longueira extenderá la expresión polar entre los neoliberales ortodoxos e integristas que rememoran a la dictadura y el resto de la sociedad chilena, por lo que la derrota de la derecha en Noviembre es una “catástrofe anunciada” que probablemente lleve a Renovación Nacional a replantearse su conducción y su incapacidad de no haber dado paso a las reformas constitucionales que había pactado con la DC. Allamand señaló que perdió la primaria porque la UDI ganó en las tres comunas más ricas del país, desnudando de paso el carácter no “popular” de ese partido, pero a la vez deja planteada la frustración de no haber construido la “nueva derecha”, pues lo que buscará Longueira será la defensa de su representación parlamentaria para frenar las reformas políticas. Este cuadro es ideal para la candidata Bachelet.

En cuanto a la Nueva Mayoría, la ex Presidenta fue la que dio origen a un nuevo pacto político con propuestas como la Nueva Constitución, la educación gratuita y de calidad, y por mayores libertades individuales, a la que también incorporó al Partido Comunista. Con todo ello sacó más de la mitad de todos los votos emitidos en las primarias, haciendo de su presentación un triunfo apabullante. Esto implica que el “cuco” al comunismo es cosa del pasado y que en el plano electoral efectivamente se ha constituido una nueva mayoría social y política alrededor de Bachelet y no de los partidos que la apoyaron. Ella expresa una amalgama de intereses, expectativas y estrategias políticas en juego que solo un liderazgo firme, con convicciones en lo que propone, puede sostenerse con éxito. Esto implicará una tensión sostenida que buscará neutralizarla en las propuestas sobre el aborto terapéutico, la nueva Constitución o el fin al lucro en la educación.

La integración de la Nueva Mayoría no podrá ser la suma matemática de los porcentajes electorales de su interior. Requiere sostener los ejes programáticos que le dieron a Bachelet la mayoría en las primarias pues, de otro modo, corre el riesgo de ir por un centro debilitado dejando abandonado los que quieren el cambio. La Nueva Mayoría también debe buscar la integración de los actores sociales que han ocupado la escena política que está permitiendo que exista en el país una sensibilidad y presión por los cambios, pues de otra manera el empresariado buscará cercar al gobierno con los medios de comunicación, con el lobby de sus operadores y con sus nexos con la “vieja política” que también está anidada entre sus partidarios. En este sentido, el equipo que emerja para realizar la campaña presidencial será un indicador de cuán renovado y potente es la voluntad de cambio que convenza a quienes desconfían de su propuesta por la gestión presidencial anterior.

En cuanto a la DC, es claro que Orrego no logró expresar la base electoral de su partido y en ello comparte la derrota con su presidente Ignacio Walker. Pero sin duda fue su discurso conservador en lo valórico, semi-religioso, de predicador de una postura propia de la iglesia pero no de un partido que había impulsado, con Frei Montalva, la distribución de anticonceptivos en los consultorios y la legalización del aborto terapéutico hace más de 50 años. Sería un grave error suponer que Bachelet debiese “salvar a la DC” con operaciones políticas, que utilizando el binominal le otorguen sobrerrepresentación parlamentaria. De lo que se trata es que la democracia resuelva la proporción que les corresponda y no se violente esa voluntad por los cambios.

Por otra parte, Velasco es el ganador de los derrotados de la Nueva Mayoría. Sin partido, con un discurso liberal y reformista, de “cambio tranquilo”, sostenedor del modelo económico social dominante, se ha alzado como un referente para sectores medios urbanos pero de alguna manera con un dilema similar al de Marco Enriquez: si gira más a la derecha se queda sin piso social, si no apoya las reformas programáticas de Bachelet no puede recurrir a Longueira.

En definitiva, con tres millones de electores, lo ocurrido en las primarias es una forma de expresión institucionalizada, “a la chilena”, de los cambios que se vienen exigiendo aquí y en otros países del planeta por reformas profundas y reales que se le exigen a las elites políticas y al sistema, en dirección de terminar con los abusos de poder y de garantizar los derechos que tienen los y las ciudadanas.