La propuesta de Bachelet

Publicado : 22 Junio, 2013 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Carlos Ominami, Eugenio Rivera|


LAS PRECISIONES hechas a la respuesta de Michelle Bachelet a la necesidad de una reforma tributaria que incremente sustantivamente la recaudación y asegure un carácter progresivo a la estructura tributaria son positivas, aun cuando persisten algunas dudas.

La elevación del impuesto de primera categoría de 20 a 25% y la decisión de que la tributación de las personas sea sobre el total de las utilidades ponen en la agenda política los temas de fondo en el debate tributario. Discutible es, sin embargo, la reducción de la tasa marginal del impuesto de la renta de las personas de 40 a 35%. Además, todavía será necesario ver el detalle para determinar si las medidas recaudarán efectivamente US$ 8.200 millones.

El aumento del impuesto de primera categoría es positivo. Las afirmaciones recurrentes de la derecha, de que el alza afectará el ahorro y la inversión, no tienen sustento real. Teóricamente, las consecuencias de esa medida dependen de una serie de variables que dificultan la determinación de su efecto neto. Sin embargo, diversos estudios sugieren que su impacto es más bien neutro en el caso de las grandes empresas y levemente negativo para las pymes. De ahí que la aclaración respecto de que la medida no afectará a estas últimas es importante.

En su aclaración, la ex presidenta señala con detalle que se debe eliminar el Fondo de Utilidades Tributarias (FUT). Este mecanismo presenta numerosos problemas, como la incertidumbre respecto del nivel de la recaudación y, el más importante: constituye el principal mecanismo de elusión y evasión tributaria. En tal sentido, es positiva la aclaración de que la tributación de las personas será sobre la base de utilidades devengadas. No se aclara, sin embargo, por qué la eliminación del FUT se hará en el cuarto año y no se diseña un cronograma de cierre del FUT en un plazo razonable.

En este contexto, cabe analizar la conveniencia de abordar con seriedad el hecho de que el impuesto de primera categoría sea un adelanto de la tributación de las personas y no un impuesto separado. En los países desarrollados, las empresas pagan sus impuestos independientemente de la tributación a las personas. Ello responde a una lógica básica: las empresas pueden producir bienes y servicios porque existe un estado de derecho, disponen de una infraestructura adecuada, hay seguridad prestada por carabineros, entre otros servicios que financia el Estado. En los países desarrollados se considera que las empresas deben contribuir a financiar estos servicios, al igual que las personas.

Lo que sí es muy negativo es la propuesta de reducir la tasa marginal del impuesto a las personas de 40 a 35%. ¿Qué sentido tiene rebajarles los impuestos a 23 mil chilenos que ganan más de $ 6.000.000 al mes? Ello no haría más que acentuar el carácter regresivo del sistema tributario. Una medida así sería una contrarreforma. Se podrá argumentar que como efecto del pago por el total de las utilidades se incrementará la recaudación proveniente del global complementario. No obstante, la extrema desigualdad del ingreso existente en el país no se condice con esta medida. Es también desalentadora, pues indica que la tasa marginal se iguala al impuesto adicional, lo que sugiere que no se elevará este impuesto que pagan los inversionistas extranjeros en actividades tan rentables como la minería, la banca, las AFP, entre otras, al repatriar utilidades.