La Política Exterior chilena y su entorno más próximo

Publicado : 20 Junio, 2013 en Portada, Prensa

|por Cristián Fuentes|


La historia nos enseña que cuando Argentina quiso unirse a Perú y Bolivia en la guerra del Pacífico, Brasil neutralizó el peligro apoyando a Chile. Más al norte, Ecuador completaba el cuadro de nuestros aliados, formando un esquema de balance de poder en esta zona de Sudamérica. En la segunda década del siglo XXI tal escenario geopolítico ha variado sustancialmente, puesto que Brasil y Argentina son socios y Ecuador se ha acercado a Perú, desarrollando un importante mecanismo de cooperación en la frontera común, sin que nuestro país haya reemplazando este antiguo diseño estratégico por otro que contemple los intereses nacionales de acuerdo a las nuevas condiciones existentes.

Los acuerdos Alfonsín-Sarney de 1985 iniciaron un proceso de integración en todos los ámbitos de la relación bilateral, que transformó la tradicional rivalidad argentino-brasileña en el Atlántico Sur, en una plataforma común que se concretó más tarde en el MERCOSUR. Por su parte, luego del último conflicto bélico en la cordillera del Cóndor, que enfrentó a las Fuerzas Armadas de Perú y Ecuador en 1995, ambos países firmaron acuerdos de Comercio y Navegación, de Integración Fronteriza, y de Medidas de Confianza Mutua y Seguridad, que han permitido invertir una cantidad apreciable de recursos en el área y forjar una manera distinta de vinculación.

Ante este panorama, Chile debería reposicionarse en un espacio que constituye el primer círculo concéntrico de su inserción internacional y que incluye a sus tres vecinos, a Brasil y a Ecuador. Superar el pasado para fortalecer la defensa de nuestros intereses más inmediatos, implica una mirada diferente del entorno, de una suerte de auto-percepción isleña, o de la búsqueda de aliados extrarregionales que sustituyen aquellos que la geografía nos impone como naturales.

Más allá de ampliar opciones y constatar convergencias con países de otras latitudes, que efectivamente comparten con nosotros inquietudes y experiencias factibles de imitar, el aumento de nuestro poder nacional obtenido gracias al crecimiento económico y la estabilidad política de las últimas décadas, requiere para su conversión en mayor desarrollo del despliegue de liderazgo e influencia externa, los cuales tienen como esfera lógica el ámbito territorial más cercano.

Esta sencilla geometría se complica por asuntos todavía pendientes de solucionar, sobre todo aquellos que emanan de enfrentamientos ocurridos durante la formación de los Estados nacionales en el siglo XIX. Por eso, debiera constituir un objetivo fundamental impulsar en el mediano o largo plazo, si es que no se puede avanzar en un tiempo más próximo, la búsqueda de acuerdos que resuelvan estos problemas, tal como lo hicieron el resto de los países mencionados.

Pero tal esfuerzo no se agota en el espacio de mayor cercanía a los límites nacionales, sino que se entrelaza con dinámicas inter y sub estatales de países como Brasil, cuyo peso específico se despliega, por ejemplo, a través de las exportaciones al Asia por puertos del océano Pacífico. La potencialidad existente en este perímetro de cinco puntas (pentágono geométrico), es suficiente para animar un proyecto de desarrollo nacional, a partir de la oferta de servicios y alianzas productivas con el resto de América del Sur, resaltando el carácter de Chile como un país bisagra, tanto hacia el interior de su región como hacia los mercados asiáticos más dinámicos.

Para ello se requiere cambiar de paradigma, dejar de concebir al vecindario como un conjunto de amenazas, plagado de adversarios y competidores, para convertirlo en un nudo de vinculación de amplia base, capaz de sustentar la proyección internacional de Chile en los próximos años.