En busca del sello perdido

Publicado : 24 Mayo, 2013 en Portada

por María de los Angeles Fernández |


De un discurso como el del 21 de mayo se pueden opinar muchas cosas pero, cuando se trata del último, se esperan algunas que son más obvias que otras. Nos referimos a un balance de gobierno y al legado que se aspira dejar. En ambas, la cuarta cuenta pública del Presidente Piñera resulta deficitaria. En el primer caso, en vez de concentrarse en la aprobación del 45% de proyectos todavía en trámite legislativo según la Fundación Chile 21, anunció nuevas medidas. Estas van desde un bono por maternidad hasta ayuda estatal para la fertilidad, pasando por la creación de nuevos ministerios y secretarías. Dado que la eficacia legislativa decrece cuando hay elecciones, incorporar más promesas de incierto cumplimiento en diez meses de mandato corrobora uno de los problemas que ha perseguido a este Gobierno: el mal manejo de las expectativas. Súmese a ello que, entre los proyectos en trámite, se encuentran algunos emblemáticos, como la ley de quiebras, la firma electrónica, el INE autónomo y una batería nada desdeñable de proyectos en educación que, según el Gobierno, harían la diferencia. De particular preocupación es el eje de las reformas políticas. A pesar de las reformas en curso, lo concreto es que nadie duda de que Sebastián Piñera no dejará el sistema político en mejores condiciones de las que lo recibió.

En cuanto al sello de la primera administración de derecha electa en la historia reciente, no es fácilmente distinguible. Aunque el actual Mandatario gusta de recurrir métricamente al contraste con su antecesora, no ha logrado lo que ella, que es asociada automáticamente con la igualdad de género y la protección social. Si bien retomó la idea originaria de las tres sociedades, centrada en oportunidades, seguridades y valores, su amplitud la convierte en una idea inasible. Lo que está claro es que reafirmó los valores de la derecha, en un claro guiño a su sector, pero que difícilmente interpreta al resto del país.

Es probable que el primer gobierno post Concertación será recordado no tanto quizás por el énfasis en dimensiones específicas en la vida de las personas, sino por las acciones (u omisiones) de sus actores. Ha debido cargar con el pecado original de los conflictos de interés que asolaron desde el inicio al propio Presidente, quien no atendió a desprenderse oportunamente de sus negocios. Con ello, minó el capital más importante de todo gobierno. Nos referimos a la confianza. Sin él, se pueden pronunciar mil discursos, pero todos caerán en saco roto.