La incapacidad que vale un Ministerio

Publicado : 10 Mayo, 2013 en Portada, Prensa

por Fernando Gaspar |


Después de tres años de anuncios la administración envió un proyecto de creación del Ministerio de Cultura. Si es viable aprobarlo, da lo mismo. Si no se cumplió lo prometido en campaña (incrementar a 1% el presupuesto de cultura, construir la segunda etapa del GAM y un largo etc.), también da igual. La administración de los anuncios da nausea y la falta de contenido ídem.

En el proyecto de Ley y la presentación a través de los medios se dice: conservamos la participación de la ciudadanía como la del actual Directorio Nacional, quien seguirá teniendo la responsabilidad de formular las políticas culturales a cinco años plazo. Lo que no se dice es que en la actual administración se hace caso nulo de lo que señala el actual Directorio (algunos miembros se quejan de no ser convocados a las reuniones!) y pese a formular un documento de política cultural recién iniciado el gobierno, no se ha propuesto ningún plan o programa de largo aliento que signifique un trabajo serio de política pública para el sector.

Se pueden decir muchas cosas del proyecto de Ley que crea el Ministerio de Cultura, pero hay que revisar con detalle el actuar de la administración actual en la materia y reflexionar si se encontraban a la altura para dar el salto propuesto a la institucionalidad. En materia de gestión, lamentablemente poco puede defenderse: un subsecretario renunciado por escándalos con Contraloría, un secretario del Consejo Audiovisual despedido con conflicto judicial de por medio, una responsabilidad grave del CNCA en el hecho de que Galia Díaz estuviera en el fatídico viaje a Juan Fernández teniendo fuero maternal.

Esto sin ahondar en “detalles” como la reducción de personal en las áreas artísticas que no constituyen industria (teatro, danza, fotografía, artes visuales). La incapacidad para convocar a la sociedad civil y representantes del sector para conformar el Consejo Consultivo. La triste actuación para aprobar modificaciones de la Ley de Donaciones, que “traicionó” en palabras de Edgardo Bruna, presidente de la Unión Nacional de Artistas, los acuerdos alcanzados por el Ministro con los representantes gremiales. Los lamentables espectáculos que se dieron en cuanto a la representación de Chile en la Feria de Guadalajara y la improvisación permanente, como en la casi legendaria convocatoria al Fondart 2011 que dejó más vergüenza que ejemplaridad en su traspaso pleno a la postulación digital.

El problema con la administración actual, finalmente, es su falta de visión estratégica del sector. La gran mayoría de los programas heredados del gobierno pasado o simplemente se continuaron (algunos con un cambio de membrete) o se cerraron sin ser remplazados. El apoyo sostenido a la continuación del programa de infraestructura cultural (encargado de la construcción de centros culturales a lo largo del país), se complementó con un programa como Redcultura, el cual carece de líneas claras de acción, de un presupuesto significativo para apoyar a las municipalidades y de un trabajo mínimo de creación de públicos.

No se puede pretender cambiar la institucionalidad cultural sin tener idea qué se va hacer en la materia. Los deseos, legítimos o no, de “ordenar” y dar mayor jerarquía al área serían una excelente noticia si coronaran un proceso fructífero de implementación de políticas culturales y de propuesta programáticas innovadoras. Lamentablemente, lo único que se aprecia es un intento de “ordenar” para concentrar más poder; de jerarquizar porque no se supo coordinar ni actuar de manera sinérgica.

En otros países, la multiplicidad de instituciones culturales no impiden el correcto accionar de los servicios. Países federales como Argentina, México o Brasil hacen mayores esfuerzos para generar dinámicas de trabajo y programas interinstitucionales entre instancias regionales y federales, fundaciones privadas y pequeños organismos públicos. Todos tienen diferentes formas de afrontar las necesidades de artistas, gestores, ciudadanos, pero no se escudan en la “duplicidad” de atribuciones para no hacer bien su trabajo.

Acá faltó una visión clara de Estado por las artes y la cultura. Proyectos renovadores que trascendieran nuestra reducida institucionalidad y se proyectaran como alternativas a los programas existentes. Faltó conocimiento en muchos de los recién llegados para no darse gustitos de tres años en la administración coronando la incapacidad con un proyecto ambicioso que renueva la institucionalidad en su conjunto.

No creo que baste con aplaudir o celebrar un intento de esta naturaleza que ha distraído la atención del tema de fondo: ¿qué se hizo en este gobierno en materia cultural que generará un verdadero cambio desde la administración pública? ¿Cuáles fueron los compromisos presupuestarios y legales que reflejaran el interés por situar a la cultura en el centro del desarrollo nacional? Sería contradictorio aumentar la institucionalidad después de haber demostrado no poder gestionar adecuadamente la existente.

Al margen de apoyar la creación de un Ministerio de Cultura, cabe preguntarse si quienes festinan hoy con el proyecto de Ley que lo crearía, tienen claro cuáles son los ejes de trabajo para el desarrollo del sector. En poco tiempo, una gran cantidad de “entendidos” y las propias autoridades, han logrado manejar un discurso más o menos común sobre los “principales temas” y “preocupaciones”, pero en la práctica, existe una extendida incapacidad de proponer acciones concretas, fundadas y viables para el sector.