El niño Cristóbal

Publicado : 10 Mayo, 2013 en Portada, Prensa

por Osvaldo Torres |


Leo gratamente impresionado una resolución de la mismísima Corte Suprema que protege los derechos del niño, citando la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas y la Constitución Política, que condena por unanimidad al canal de TV Mega por sobrexponer a una niña con su rostro descubierto asociado a un caso truculento:

“Que de conformidad a los hechos que han quedado asentados en autos, referidos a la difusión de la imagen de la menor de edad en una transmisión televisiva, resulta evidente que la recurrida Red Televisiva Megavisión S.A. ha vulnerado las normas citadas previamente al exhibir la figura de I.A.A.F, pues dicha emisión puede resultar lesiva o perjudicial para su bienestar, conducta que importa transgresión al interés superior del niño, consideración primordial que esta Corte obligatoriamente ha de tener presente y que, además, debe presidir sus decisiones en lo relacionado con las medidas que haya de adoptar respecto de todos los menores”.

A la par estoy viendo -miércoles 8 de mayo- el programa “Mentiras Verdaderas” de La Red Televisión, el que durante largos minutos entrevista al siquiatra Sr. Rodrigo Paz, que ha atendido al “niño Cristóbal”, más conocido como “Cisarro”. En su intervención desnuda a su paciente sin ningún pudor ni consideración a su edad. Él tiene un estilo tipo Dra. Cordero, esa psiquiatra que aún se pasea por los canales de TV ganando dinero, a pesar de haber sido encontrada culpable de hacer licencias médicas “truchas” que pagamos todos los chilenos.

El psiquiatra Paz afirma que su paciente Cristóbal es bipolar, que requiere medicamentos, que tiene una madre sicótica, con padre borracho, etc., en un infructuoso intento por evitar que Cristóbal sea ingresado a la cárcel administrada por SENAME, donde quedará sin protección ni rehabilitación posible. Hay un punto ético que es inaceptable: no puede un profesional que tiene la obligación de cuidar la privacidad de la vida del paciente, irrespetarse a sí mismo y al niño que le ha confiado sus problemas, conflictos y amarguras contando las sesiones terapéuticas en los canales de televisión.

A la par, no puede un canal de televisión prestarse para seguir atropellando la intimidad de los niños y niñas, transformando sus casos personales en parte de un show de opinología.

Hay un límite que debe respetarse y que se asocia a los derechos de las personas y en particular de los niños. Tanto los canales de televisión, que se componen de profesionales de las comunicaciones, como los siquiatras -para este caso- están demostrando una ignorancia completa tanto de la ética profesional como del tratamiento irrespetuoso de los derechos que implica este tipo de intervenciones de profesionales de la salud mental. El fallo de la Corte Suprema es aleccionador para leer esta situación.

El Consejo Nacional de Televisión debiera preocuparse de este tema, de forma preventiva, impulsando relaciones con las universidades, las cuales debieran integrar estos aspectos en la formación de los estudiantes. Algo que ya hace con mucho interés de los alumnos el ICEI de la U. de Chile en conjunto con ACHNU.