La política económica sigue siendo un arte

Publicado : 16 Enero, 2009 en Prensa

La política económica sigue siendo un arte, principalmente porque los comportamientos del pasado no siempre son buenos indicadores del futuro. El problema radica en la expresión “no siempre”. ¿Cómo saber cuándo los comportamientos pasados son útiles para predecir el futuro? Los econometristas revisan el pasado y proyectan el futuro en base a promedios, más o menos sofisticados, del comportamiento pasado. Eso funciona bien cuando no hay cambios importantes en los sistemas subyacentes. Pero, como dice la canción, “Sorpresas nos da la vida, la vida nos da sorpresas…”.

Diferenciar las situaciones en que el mundo ha cambiado de aquellas en que sigue siendo el mismo es clave para diseñar políticas económicas que resuelvan problemas en vez de crearlos.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el IPC de diciembre? Pues, todo.

En efecto, desde el año 2007 había un grupo importante de economistas que decíamos que los aumentos del IPC no constituían inflación en el sentido económico. Lo que ocurría es que aumentaban los precios relativos de ciertos productos, especialmente combustibles y alimentos, que hacen aumentar el IPC que medimos. Pero la inflación, tal como la definió correctamente Milton Friedman, es un aumento generalizado y sostenido del nivel de precios. Eso no es lo que estaba ocurriendo en la economía chilena. Más aún, la inflación ocurre cuando la demanda agregada (consumo más inversión) excede la capacidad productiva y de importación del país, situación que distaba mucho de darse en nuestra economía en 2007-08.

Según el dato del INE, en diciembre 2008 el IPC cayó en 1,2%. Usando los mismos criterios que usaron algunos economistas para decir que estábamos en una espiral inflacionaria, podríamos decir que el país está al borde de la deflación. Sin embargo, ningún economista diría eso porque lo que ha ocurrido es que bajó el precio de los combustibles y, por tanto, el costo del transporte especialmente el privado; bajaron los precios del item vivienda (en gran parte por los precios del gas y parafina); y también disminuyó el precio de muchos productos alimenticios (que antes había subido por problemas de oferta).  Es decir, simplemente se revirtieron los factores que hicieron aumentar el IPC en el último año.

¿Porqué, entonces, no tendremos una deflación en las condiciones actuales? Simplemente porque es poco probable que el precio de la bencina sin plomo vuelva a caer en más de 20% en un mes (dato del INE) o que el precio de los alimentos que ya están en plena cosecha vuelvan a caer en más de 15%, tomando los precios de los productos alimenticios incluidos en los 20 productos cuyo precio más disminuyó.

¿Y qué pasó con las “presiones inflacionarias generalizadas” que llevaron al Banco Central a subir su tasa de interés al 8,25% anual? El IPC “subyacente”, esto es, excluyendo frutas, verdura y combustibles, que son los precios que más cayeron, creció en sólo un 0,1% en diciembre, es decir, no hay presiones inflacionarias por otras causas. Los precios de los bienes que compiten con las importaciones o que se exportan, el IPC transable, disminuyó en 2,7%. Es decir el sector externo que antes nos ayudó a elevar los precios hoy nos está ayudando a reducirlos. Algunos economistas decían que nos fijáramos en los productos que no se comercian con el exterior para ver lo fuertes que eran las presiones inflacionarias domésticas. Pues bien, el IPC de los no transables creció apenas en 0,2% en diciembre. Si se mantuviera esa tasa durante todo el 2009 los precios domésticos aumentarían en un 2,4%, por debajo de la meta de inflación del Banco Central.

Entonces, ¿donde están las presiones inflacionarias? No están y no estuvieron,  porque bien definida la inflación nunca hubieron tales presiones. Es decir, hubo un error de diagnóstico que lamentablemente lo promovió activamente el Grupo de Política Monetaria —que se dedica a sugerir la política monetaria “correcta” al Banco Central—, lo compartió el Banco Central y, en algún momento, también el Ministerio de Hacienda.

Desde luego, el año que recién terminó nos dejó con un nivel de precios que es 7,1% mayor que en diciembre 2007, la variación del IPC de diciembre 2007 a diciembre 2008. Es decir, las alzas de precios nos hicieron más pobres, pero eso no es inflación desde el punto de vista de la economía y, lo que es mucho más serio, no debiera serlo desde el punto de vista de la política económica.

¿Donde nos deja todo lo anterior? Más o menos donde partimos el año pasado, pero con condiciones más agudas. El principal problema que enfrenta la economía chilena es la recesión mundial que, por fin lo reconoció el gobierno con su paquete de ayer, sí nos afecta. La producción industrial ya cayó en más o menos un 6%, los ingresos de exportación siguen disminuyendo y el sector comercio está viendo como se estancan o disminuyen sus ventas. Ni hablar de lo que pasa con el sector construcción. Todo esto afectará el empleo y el crecimiento económico.

En ese contexto, la inflación no es el problema, si alguna vez lo fue. Lo que falta ahora es que los colegas del Grupo de Política Monetaria guarden silencio por un tiempo y que el Banco Central baje las tasas de interés que elevó innecesariamente. De esa manera evitaremos otra recesión como la de 1999.

Publicado en blog de La Tercera el 6 de enero de 2009