El nuevo debate constitucional

Publicado : 06 Mayo, 2013 en Portada, Prensa

por Carlos Ominami |

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FINALMENTE, el debate sobre una nueva Constitución se abrió paso. Todo indica que ocupará un lugar central en las discusiones de la campaña presidencial. Todos los candidatos de la centroizquierda (Bachelet, Gómez, ME-O, Orrego) han incorporado la nueva Constitución en sus definiciones programáticas.

Se trata de un avance importante, pero es temprano para cantar victoria. En la campaña presidencial del 2009, las tres candidaturas de la centroizquierda incluyeron en sus programas la necesidad de una nueva Constitución. Sin embargo, el tema no alcanzó gran relevancia y con el triunfo de la derecha volvió a quedar relegado.

Las movilizaciones del 2011 cambiaron el cuadro. Si bien la reivindicación unificadora del movimiento fue “Educación pública de calidad y gratuita”, la idea de que Chile necesita un cambio de sus reglas fundamentales avanzó rápidamente. Por otra parte, en estos años se multiplicaron las señales de agotamiento del sistema político. Su legitimidad está hoy fuertemente cuestionada. Se ha creado así un cuadro distinto al del 2009. La demanda por una nueva Constitución ha tomado más fuerza.

Somos muchos los que llegamos al convencimiento de que ninguno de los grandes problemas que Chile enfrenta puede ser resuelto en el marco de la Constitución actual. Es el caso de la prioridad a la educación pública, la sustentabilidad del desarrollo, la descentralización o el respeto a la diversidad. También existe una conciencia creciente en cuanto a que la vía de la acumulación de pequeñas reformas no conduce a una nueva Constitución, como se pensó en la Concertación a partir del proceso de reformas que culminó el 2005. Esas reformas eliminaron las aristas más filudas de la Constitución heredada de la dictadura, pero mantuvieron su carácter de instrumento al servicio de un orden autoritario, centralista y neoliberal.

No basta con afinar la necesidad de una nueva Constitución, hay que decir cómo se llega a ella. En Chile, hay que descartar una salida extrainstitucional, no hay condiciones para ello; y si las hubiera, no sería una alternativa deseable.

En el otro extremo, la propuesta de una comisión bicameral del Congreso es inconducente. La derecha no renunciará jamás a su derecho a veto, y los parlamentarios, de todos los sectores, difícilmente accederán a limitar sus mandatos y a abrir paso a una renovación a través de una genuina competencia.

Se requiere una asamblea constituyente, pero antes de llegar a ella, hay una cuestión que debe ser dilucidada ¿Quiere la mayoría del pueblo chileno mantener la actual Constitución o transitar hacia un nuevo orden constitucional? Esta debiera ser resuelta en un plebiscito en el cual, en igualdad de condiciones, se confronten las posiciones de unos y otros. Si ganan los partidarios de mantener la actual Constitución, ésta habrá alcanzado la legitimidad de la que hoy adolece. En cambio, si ganan los que sostenemos la posición contraria, se abrirá paso a un proceso constituyente.

El plebiscito está contemplado en la actual Constitución. Esta reconoce que es uno de los instrumentos a través de los cuales se ejerce la soberanía. Para romper el candado constitucional se requiere acumular fuerza social, política y parlamentaria, de modo de hacer posible la aprobación de una reforma constitucional que permita que la ciudadanía decida en toda libertad.