Primarias… “en la medida de lo posible”

Publicado : 02 Mayo, 2013 en Portada, Prensa

por Gloria de la Fuente |

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Por fin se resolvió el primero de los hitos del ciclo electoral 2013 y el resultado no es nada alentador. En efecto, si bien habrá elección primaria para la elección presidencial en el oficialismo y en parte de la oposición, no ocurrió lo mismo con la primaria parlamentaria de la “nueva mayoría” o de la “Convergencia democrática”. Cierto, tampoco las habrá en la UDI, pero ello no sorprende porque no ha estado en el discurso (ni en el ADN) de la Coalición por el Cambio (ni del gremialismo) la necesidad de ampliar sus bases para construir un espectro político que genere una “nueva mayoría”

Seamos justos, las primarias tienen de dulce y agraz, porque, al mismo tiempo que abren la competencia y ayudan a la discusión de nuevas agendas y programas, tienden a favorecer la participación de los más “ideologizados” y debilitan en parte a los partidos. No obstante, en cualquier caso, hay que darles el lugar que corresponde, porque una elección primaria no es más que un mecanismo, pero es este cuadro, significaban también una oportunidad.

El problema es más de fondo, porque la decisión de la oposición de no concurrir a la primaria parlamentaria deja en evidencia que, al menos desde la perspectiva de las cúpulas partidarias, las prácticas políticas son similares a las conocidas en las últimas dos décadas y esto no es buena noticia para que “la nueva mayoría política y social” sea una realidad y no sólo un eufemismo. En este sentido, hay al menos dos cosas que creo importante relevar

Primero, que las cúpulas partidarias (y digo cúpulas y no mesas directivas, porque ello no necesariamente coincide) sigan teniendo un enorme poder para decidir candidaturas no sería tan nocivo si no tuviéramos partidos políticos y representantes desprestigiados. Si la primaria tenía una virtud es que al menos, en parte, daba la sensación de abrir el juego político para que las personas pudieran decidir sobre sus representantes en el Congreso.

En segundo lugar, y aún más importante es que lo ocurrido ayer muestra cuan nefasto es nuestro sistema electoral, al punto que hasta ha “binominalizado” la manera de pensar y decidir de los actores políticos, favoreciendo el statu quo. Parece una ironía que sean los propios representantes de los partidos quienes atribuyan al sistema binominal la imposibilidad de llegar a acuerdo, cuando en realidad han operado bajo la lógica de sus incentivos perversos. En efecto, dado el alto nivel de predictibilidad de sus resultados y, en consecuencia, la escasa competencia de un sistema que favorece y asegura representación a los grandes conglomerados políticos, fue imposible que los partidos intentarán dar una señal de apertura a la decisión de la ciudadanía. Así, terminamos haciendo evidente su enorme aversión al riesgo, bajo un discurso inclusivo que terminó siendo sólo eso, un discurso. No hay que olvidar que como alternativa a la primaria hubo acérrimos defensores de los “pactos por omisión” o ciertos “blindajes distritales”.

Así las cosas, sólo queda la esperanza que ahora si se cumpla la promesa para que esta sea efectivamente la séptima y última elección con sistema binominal, pero a la luz de los resultados y de lo que seguramente pasará en la próxima elección parlamentaria, es posible creer que quienes son beneficiarios y jueces del sistema electoral, terminen en lo mismo que hemos visto hasta ahora: propiciando un sistema que favorece el eterno empate y le asegura a la mayor parte de los representantes ser guardianes de sus propios intereses.